Onda expansiva del dolor

Fulgencio Fernández y Mauricio Peña
02/04/2025
 Actualizado a 02/04/2025
| MAURICIO PEÑA
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Laciana es el epicentro del dolor, imposible de soportar, indómito; Torre del Bierzo es el hermano y Degaña vela, acompaña, espera con esperanza que no se acreciente ese número que, por una vez, no es una cifra sino una angustia.
Pero el dolor de la mina no solo tiene núcleo, también onda expansiva.
Ayer lloraron muchas casas y colominas, hoy siguen llorando. Ayer lloraron muchas madres e hijas, hermanos y hermanas, incluso padres, hoy siguen llorando. La viuda de David tendría que recordar aquella noche eterna en el chamizo de Arbas, esperando en el pasillo frío sin que nadie acertara a decirle nada y cuando en el amanecer salió a buscar aire que la ayudara a respirar la espera vio cómo llegaba a la explanada de la mina un coche fúnebre. Para David, el padre de los tres niños que le había dejado en casa  a una vecina cuando la llamaron porque «hubo un accidente».
No me quiero imaginar la rabia —es mucho más fuerte el sentimiento pero no hay palabra exacta para definirlo— de Moure cuando haya despertado con la noticia de otros cinco mineros muertos como su hijo Manolín aquel día, cuando nadie le decía nada y él recorrió el corto camino hacia la muerte de un hijo. Además una muerte temida, denunciada, sospechada. Esa rabia que es la cera que alimenta la llama de su exigencia de una justicia que lleva 12 años esperando sin que a nadie se le caiga la cara de vergüenza.
Y sueña con que su lucha servirá para que no vuelva a ocurrir.

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