'Bienvenidos a Villa Baviera'

El periodista leonés Alfonso F. Reca relata la vida de los que buscan justicia ante los crímenes de la dictadura chilena desde Parral (Chile)

Alfonso F. Reca
11/10/2016
 Actualizado a 19/09/2019
Los hermanos Raúl y Luis Lorca frente a la entrada al recinto de Villa Baviera. | A. F. Reca
Los hermanos Raúl y Luis Lorca frente a la entrada al recinto de Villa Baviera. | A. F. Reca
El inmenso complejo que hoy se conoce como Villa Baviera está a unos 35 kilómetros de Parral hacia Los Andes. El camino no parece haber cambiado mucho en 40 años. El paisaje es hermoso y apacible. Karen comienza a repartir carteles con las fotografías entre los familiares que viajan en el bus. Todas en blanco y negro salvo una. La de Boris Weisfeiler, un mochilero norteamericano que desapareció en 1985 en los alrededores y del que nunca más se tuvo noticia.

El vehículo llega a la puerta de la finca cerca ya de las cinco de la tarde. Una barrera corta el acceso al autobús. Una verja de cemento y acero, coronada por una concertina oxidada rodea el complejo y evoca la imagen de los campos de concentración del nazismo. Hay varias patrullas de Carabineros en la puerta. Vigilan con recelo pero con distancia. “Tenemos que esperar a que los jerarcas de la colonia nos autoricen a entrar”, dice Karen. Todavía viven varias familias en el interior de Villa Baviera. Hay un gran cartel de madera donde alguien ha pintado dos banderas, una chilena y una alemana: “Bienvenidos a Villa Baviera. Recinto privado”.

Los familiares caminan lento, angustiados. Se agarran de las manos. Se abrazan. Algunos ya conocían el lugar pero para otros, como Luis, es la primera vez. Se paran frente al cartel. Las emociones comienzan a aflorar. Las lágrimas también. Basso asegura que la tenebrosa finca “tiene que dejar de ser un sitio de turismo”: “Acá hubo experimentos médicos, administración de psicotrópicos, gente torturada con electroshocks, espionaje, tráfico de armamento… no puede ser que haya gente en este país que venga a pasar un buen fin de semana”, argumenta el periodista sin disimular su indignación.Karen explica que al acceder al interior del recinto el autobús atravesará la zona habitada sin detenerse. Las asociaciones han pedido un permiso especial en los Juzgados para llegar mucho más allá: hasta las fosas que se han descubierto unos 12 kilómetros al interior de la interminable finca. Todavía están bajo investigación judicial, lo que explica lo complejo de la organización de la visita y el especial significado que tiene para las familias presentes. “El juez nos ha dado permiso”, aclara Karen. La tarde es soleada y corre una ligera brisa.Hay una calma tensa frente al portón de entrada. Otro autocar fletado por “compañeros” de otras asociaciones de familiares de detenidos desaparecidos de ciudades del sur de Chile aparece. Sus ocupantes bajan y rápidamente despliegan varias pancartas pidiendo la clausura del recinto por “crímenes contra la humanidad”. “No más turismo, cerveza y carnaval. La sangre de los nuestros se debe respetar”, corean a gritos. De sus pechos también cuelgan fotografías y nombres. También en blanco y negro. También con una historia detrás.“No nos parece que en este lugar se haga turismo de la forma en que se está haciendo. Pensamos que no debería seguir viviendo personas que pretenden tener una vida normal en un lugar donde ellos mismos fueron violentamente violentados, reprimidos. Aquí hubo esclavitud. Aquí hubo pedofilia. Aquí hubo torturas. Se maltrató a mujeres de manera inhumana. Se ejerció un sistema de autoritarismo extremo. Es un lugar donde existe mucho dolor. No es bueno ni sanador que sigan viviendo aquí”, insiste Romero.Tras media hora de tensa espera se abre la barrera. El autobús arranca. Julio, que ha pasado toda su vida siendo vecino de la colonia ejerce de improvisado guía. El vehículo atraviesa la zona poblada: un conjunto de pequeños edificios aislados de arquitectura típica tirolesa. De algunas paredes y balcones cuelgan banderines y bombillas de alguna fiesta reciente. Hay construcciones más grandes, naves industriales y almacenes. Un Hospital, una quesería, un taller mecánico, una pista de aterrizaje... Colonia Dignidad era, y parece seguir siendo, perfectamente autosuficiente.El autobús avanza lenta y dificultosamente por un camino serpenteante lleno de barro. Julio continúa su explicación. “Nos acercamos al potrero de La Máquina, la primera plantación de remolacha que hubo en Chile”, cuenta. A la izquierda aparece una casa de una planta. Parece que ha sido remodelada recientemente. “Ahí es donde Schäfer hacia maldades con los niños”. Las palabras de Julio se clavan en el alma. Son una sentencia. Vuelve el silencio. Esta vez durará un buen rato. Unos 45 minutos después el motor se para. El autobús ya no puede seguir.Los familiares descienden. Todos llevan el cartel de algún desaparecido. Echan a andar. Solo existe la opción de seguir a pie hasta las fosas. La maleza está alta y llena de zarzas. La senda es empinada, embarrada y resbaladiza. Los mayores caminan con dificultad. La respiración de Luis Lorca se entrecorta. La cuesta se hace eterna. Karen reparte claveles rojos.“Ahí es donde Schäfer hacia maldades con los niños”. Las palabras de Julio se clavan en el alma. Son una sentencia. Vuelve el silencio20 tortuosos minutos después se vislumbran varios montículos de tierra ocre en mitad del bosque. La arcilla parece haber sido removida recientemente. Junto a los montones aparecen varias excavaciones no demasiado profundas. Son rectángulos perfectos que se adentran en el suelo. No más de dos metros de alto por medio metro de ancho. El agua de las últimas lluvias comienza a pudrirse en su interior. Poco a poco todo el grupo va llegando a las fosas. La emoción se mezcla con el cansancio. Algunos se sientan entre la maleza, agotados. Uno a uno van clavando los carteles con las fotos en la arcilla removida. También las flores. Se abrazan una vez más. Unen sus manos. Se alientan y se consuelan. No miran al cielo, sino a la tierra.Romero dirige unas palabras al pequeño grupo a modo de homenaje. Comienzan a entonar la ‘Plegaria a un labrador’ de Víctor Jara. El cantautor chileno también fue torturado y asesinado en los primeros días del golpe. La canción se torna en nostálgica y laica oración: “Levántate y mírate las manos, para crecer estréchala a tu hermano. Juntos iremos unidos en la sangre, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Varios familiares van tomando la palabra. Comparten su dolor, pero también su esperanza. El escueto pero intenso homenaje finaliza con otra canción, en esta ocasión de Mercedes Sosa: “Tantas veces te mataron, tantas resucitarás, cuántas noches pasarás, desesperando. Y a la hora del naufragio, y a la de la oscuridad, alguien te rescatará, para ir cantando”.

Dos policías vestidos de calle vigilan desde una de las lomas. “Este lugar es el horror”, sintetiza Margarita Maino, hermana de Juan, desaparecido cuyo coche fue hallado enterrado no muy lejos de allí. Las canciones dan paso a largos minutos de silencio. La emoción corta el ambiente. El recuerdo hace brotar lágrimas. Muchos de los presentes han clavado sus rodillas en el barro. El homenaje ya ha terminado pero nadie se mueve. Pasan los minutos y Romero trata de convencer a los familiares para regresar al autobús. No se puede hacer más.

El regreso a Santiago se hace largo. Es más de media noche cuando el autobús aparca a escasos metros de La Moneda. Luis Lorca ha llegado exhausto a su casa tras pisar por primera vez Colonia Dignidad. Su corazón no aguanta más y se rompe. Sufre un infarto. Por fortuna, vivirá para seguir luchando por la memoria de su hermano y la de todos los desaparecidos.

Crímenes sin castigo

Colonia Dignidad siguió abierta tras el regreso de la democracia en Chile en 1990. Los tiempos políticos cambiaron pero Paul Schäfer siguió seguro en su reino criminal por unos años, protegido por las élites chilenas, la diplomacia alemana y el alambre de espino. En 2005 el Gobierno del socialista Ricardo Lagos tomó cartas en el asunto y un resquicio de luz atravesó los muros de la finca dejando al descubierto una interminable lista de crímenes, fosas comunes y depósitos de armas. Muchos otros secretos aguardan a ser desenterrados. Schäfer, huyó pero fue detenido en Argentina, extraditado a Chile y condenado a cadena perpetua por abusar sexualmente de 25 menores. Nadie duda de que fueron muchos más. Murió por causas naturales entre rejas en 2010. Otros 26 jerarcas de la colonia también fueron condenados a diversas penas.

Hay constancia de más de 100 muertos o desaparecidos en el silencio de este recóndito lugar y varias cusas judiciales en marcha contra altos cargos de la dictadura. Colonia Dignidad mutó hace una década en Villa Baviera, donde unas 200 personas, en su mayoría descendientes de los primeros colonos alemanes, buscan quitarse el estigma de su oscuro pasado a base de cerveza y fiestas para turistas.

43 años después del golpe, los familiares de los desaparecidos siguen exigiendo la expropiación de la finca para construir un verdadero museo de la memoria. Y seguirán reclamando “memoria, respeto y justicia” mientras vivan.
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