Va a comenzar la temporada de pesca (o ya comenzó) y son inevitables las conversaciones y los recuerdos de los históricos del río.
Uno de los inevitables e inolvidables, sobre todo en la ribera del Torío, es ‘El Chisquero’ de Robles. Y es que para Eloy Tascón García, que ése era su nombre, el río no tenía secretos, tantos que él mismo reconocía que "yo veía las truchas hasta dormido".
Pero hay una frase que le define a la perfección y que siempre la pronunciaba alguien que sabe mucho de quiénes fueron los buenos pescadores. Era Amador, el hombre que le daba nombre a la Venta de Getino, especializada en truchas cuando se podían comercializar y que aún conserva el espejo con una trucha grabada en él: "¿Pescador, pescador, de verdad? El Chisquero de Robles, él era el que me garantizó durante muchos años que no me iban a faltar truchas para todos los que vinieran a comer, que eran muchos. No perdía el tiempo ni en traérmelas, las echaba en el coche de linea, las que me hicieran falta".
Claro que cuando surge a conversación y el nombre de Eloy nunca falta quien introduce un matiz: "Claro, que su fuera hoy ni siquiera saldría al río... lo de pesca sin muerte no era lo suyo".
No les falta razón pues recuerdo un trozo de conversación para un viejo reportaje.
- Eloy, ¿para tí la lucha era afición, entretenimiento o deporte?
- Déjate de ostiadas, ¿deporte, afición? Era comida para los seis rapaces que había en casa.
Y es que El Chisquero —que sí siguió pescando por afición cuando no necesitaba acudir al río ‘a trabajar’ y reconocía que le gustaba la pesca y disfrutaba practicándola— es uno de tantos ‘ribereños’ que encontró en el río una ayuda para la economía familiar.
Recordaba Eloy que, como la mayoría de ‘los paisanos’ de aquella comarca había sido minero "cuando no se ataban los perros con longaniza, que la mina fue muy puta, vosotros no sabéis nada de aquello". Y mientras lo decía tosía de recordarlo pues se jubiló bastante joven... "pero no como ahora, me jubilé con una silicosis como un perro, una pensión que no daba para mucho y seis rapaces en casa que tenían el vicio de comer todos los días".
Y ahí apareció el río como una alternativa y como una ayuda... "o algo más".
- ¿Sacabas mucho del río?
- Mira, te lo voy a explicar en perras (habla de los años 70 y 80). Yo no cobraba hasta el final de verano para no perder el tiempo, mandaba las truchas por el coche de línea y las pesaba y las iba apuntando Amador, que no había con eso ningún problema que es un paisano muy serio y buen pagador, y un año recuerdo que cobré 84.000 pesetas, que era mucho dinero; otros años algo menos pero por ahí andaba la cosa.
Con el tiempo Eloy —que siempre iba a pescar con chaqueta ‘americana’ y se reía de los modernos trajes— se compró una moto que se hizo famosa en la orilla del río, había gente que la veía e iba a ver cómo pescaba El Chisquero, también la conocían los guardas, que eran reacios a creer que podía pescar tanto a caña... y comprobaban que sí las pescaba legalmente... "Hombre, un naso para una urgencia, pero tu dime las que quieres para mañana y yo te las tengo", decía con aire de pícaro este inolvidable y querido personaje, del que muchos vecinos recordaban hasta la matrícula de su moto: LE-7628.
Tenía chispa además el paisano, curtido el mil batallas, mineras, de pesca, y de la vida.
- Eloy, ¿quién te enseñó a pescar?
- Ahí sí te tengo que reconocer que tuve el mejor maestro.
- ¿Quién fue?
- La necesidad. Lo mejor para pescar es que necesites las truchas. Se necesitas pescar, pues pescas.
También contaba que algunos años cuando finalizaba la temporada de pesca iba a la vendimia.
Y era, a su vez, un excelente guía para conocer a los mejores pescadores de su época. "Había mucha gente. Manolo el de Villanueva, que también le vendía truchas a Amador, era muy bueno y, como yo, de deporte nada. Y los de la otra venta de Getino, La Herrera, de los hermanos de Paulino el guarda de El Castillo, que también pescaban ‘por necesidad’; les encargaban truchas para una comida y bajaban al río a pescarlas... había muchos, uno de Gete que le llamaban Perchuces".
Entre ellos, otro inolvidable, Vicente el de La Uña, recordado como cazador —cierto que bastante furtivo en sus inicios para acabar después de Guarda Mayor de la Reserva— CONpero también gran pescador para vender, al que le gustaba mucho el río de Salamón...
"¿Deporte o afición? Déjate de tonterías, comida para seis hijos que había en casa"
El Chisquero de Robles es un nombre que aparece en todas las conversaciones sobre los mejores pescadores, una leyenda del río "que veía las truchas hasta dormido"
16/03/2025
Actualizado a
16/03/2025

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