En la cinta que envolvía la cabeza de la víctima del crimen de Cembranos solo se halló ADN del acusado

Los análisis demuestran la existencia de sangre de la fallecida tanto en las manos como en los pies de la otra encausada

15/01/2025
 Actualizado a 15/01/2025
Uno de los dos acusados es conducido a la Audiencia para asistir al juicio por el crimen de Cembranos. MAURICIO PEÑA
Uno de los dos acusados es conducido a la Audiencia para asistir al juicio por el crimen de Cembranos. MAURICIO PEÑA

Los agentes que realizaron los informes sobre la inspección ocular y el análisis de criminalística y biología fueron llamados a declarar este miércoles en la tercera sesión del juicio en la Audiencia Provincial de León por el asesinato el 17 de marzo de 2021 de una joven de 20 años en una vivienda de Cembranos. En él explicaron que cuando encontraron a la víctima estaba «perfectamente envuelta» con una colcha o edredón y atada con cinta adhesiva «de dos tipos»: una marrón con la que cubrieron sus manos, cabeza y boca y otra transparente.

En la primera, en la marrón, «los únicos restos orgánicos» que se hallaron responden al perfil del acusado, además del de la fallecida, que murió por asfixia. Del mismo modo, en el rollo de cinta marrón también identificaron solamente tres huellas dactilares, también del encausado, aunque señalaron que en este caso «no se puede determinar su antigüedad» y, por lo tanto, si estas son consecuencia de haberla empleado durante el crimen o de una manipulación previa a los hechos. Además, destacaron que la sangre de la víctima estaba tanto en las manos como en los pies de la otra acusada, mientras que en la ropa del hombre solo se identificó su propio perfil.

Dos cintas y dos formas de embalar

Los peritos advirtieron durante la sesión del juicio de este miércoles que no solo se habían utilizado dos tipos de cinta para envolver el cuerpo, sino que también se habían empleado «dos formas de embalarlo». Se empleó «un encintado más errático» en la parte superior del cadáver, en la que se utilizó la cinta marrón, que consideraron que era señal de que la mujer aún estaba viva y ofreció una «resistencia activa» y otro «más lineal» en los pies, «más ordenado», que también podría responder a que el cuerpo en ese momento «no presentaba resistencia» o a que la persona que estaba encintándolo tenía la «ayuda» de otra. 

El declarante aseguró en este punto que, entrando en el «campo de las hipótesis», podía señalar que como guardia civil considera «muy complicado» que un solo agente, que está «formado» y que cuenta «con medios» pueda llegar a inmovilizar a una persona que se está resistiendo y que, por lo tanto, vería plausible que teniendo en cuenta las circunstancias en las que se produjeron los hechos hubieran participado dos. «Intentar encintar a alguien siendo una sola persona es algo complicado», subrayó e  incidió también en que en la cinta marrón el ADN que aparece es el de la víctima y el del acusado, no el de la otra mujer encarcelada por el crimen y también vio «relevante» el lugar en el que hallaron las huellas del hombre en el rollo de cinta marrón analizado.

De la inspección ocular que se llevó a acabo en la vivienda también destacaron la existencia de «gotas de sangre dinámicas», del suelo hacia la pared, en una zona próxima a donde encontraron el cuerpo e indicaron que podrían ser compatibles con que la víctima recibiera golpes o patadas mientras estaba tendida en él. Su sangre se encontró también en otros puntos de la casa, en el coche y en la sábana bajera de la cama de la habitación principal, donde también hallaron restos de cocaína, marihuana y hachís, así como una pistola de fogueo en el interior de un armario «que no estaba manipulada» para utilizar con otra munición en ella.

En la sesión de este miércoles el jurado también pudo ver la grabación de la reconstrucción de los hechos en la que participó el acusado, que fue guiando a los agentes por diferentes zonas de la vivienda. En ella se desvinculó de lo ocurrido, dijo haber visto a la otra acusada golpear y envolver con cinta a la víctima y señaló que creía que esta estaba aún con vida cuando la Guardia Civil se presentó en la puerta del chalé, aunque no cuando los agentes entraron, algo que consideró que se había producido «unos diez minutos» después, aunque los agentes señalaron este martes que el intervalo había sido de media hora, ya que primero se negó y abrió más tarde aconsejado por su abogado, al que llamó por teléfono.

"Amenazada desde que entró en prisión"

Un funcionario de prisiones y una exinterna declararon este miércoles que la acusada por el crimen de Cembranos «estuvo amenazada desde que entró en prisión hasta que a él –al otro encausado– lo cambiaron». El primero testificó que ambos permanecieron más tiempo del habitual en el departamento de ingresos de la cárcel porque se había establecido un protocolo Covid y que mientras esto ocurrió recibieron numerosas quejas por parte de otros presos. 

«Hablaban de voces por las ventanas y amenazas» e incluso reprodujo en la sala algunas de ellas: «Perra, ¿no me echas de menos?», «habla de lo que te dije, tengo un abogado que nos va a sacar», «tu familia lo va a pagar» y añadió que también amenazó de muerte a la familia de ella. Esto hizo que se emitiera una orden de protección, que se llevara a cabo un cambio de celda del interno y que se pusiera en marcha un protocolo de incompatibilidad para fijar distancia física entre ambos.

La exinterna que declaró después de este funcionario estuvo en la prisión con la acusada, a la que se le activó el protocolo de prevención del suicidio. La testigo señaló que «al principio no hablaba, solo lloraba» y que le recomendó que escribiera para que pudiera desahogarse. «Llegó a decirme que quería estar muerta ella, que ya estaba harta. Escribía sobre vivencias de malos tratos y solo quería morir, repetía que quería estar muerta ella».

Dijo en la cárcel que no fue ella y que quería morir

Esta mujer corroboró que el acusado la amenazaba, que la llamaba «puta» y que le pedía que dijera que había sido ella. «Le decía que la iba a enterrar con las zanahorias o que iba a matar a su familia», explicó. Apuntó incluso que una vez había llegado a «increparlo» por esto y que la acusada la «agarró» y le dijo que no lo hiciera, porque la iba a «matar» a ella. 

Describió un escenario de amenazas no diarias, pero sí «durante varios días», así como una actitud cambiante por parte de él. Señaló también que buscaba cualquier forma para comunicarse con ella y le hacía llegar «papelitos» y que esto siguió siendo así hasta que a él lo cambiaron de prisión. «Siempre le llegaban mensajes y usaba palabras intimidatorias», advirtió. Dijo también que la acusada le había explicado «un poco el caso». Le había dicho que era amiga de la fallecida y que «no había sido ella» quien la había matado. Apuntó que le contó que el otro acusado le «obligó» a coger la cinta adhesiva y que le había puesto «el pie en la cabeza»

A preguntas de la defensa del varón esta testigo reconoció que él también recibía amenazas. «En el patio muchos presos lo amenazaron porque escuchaban cómo la amenazaba a ella», dijo.

La otra acusada del asesinato de una joven en Cembranos en marzo de 2021. MAURICIO PEÑA
La otra acusada del asesinato de una joven en Cembranos en marzo de 2021. MAURICIO PEÑA

 

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