No se actuará en el Pozo Ibarra hasta que no sea un bien público

El alcalde reconoce que sería necesaria adecuarlo para que sea visitable, pero que no habrá subvenciones mientras siga siendo propiedad de la Hullera

Estefanía Niño
17/10/2018
 Actualizado a 16/09/2019
En la fotografía, vista del castillete del Pozo Ibarra, en la localidad gordonesa de Ciñera, que fue declarado Bien de Interés Cultural.. | ICAL
En la fotografía, vista del castillete del Pozo Ibarra, en la localidad gordonesa de Ciñera, que fue declarado Bien de Interés Cultural.. | ICAL
Las posibles acciones de mantenimiento y adecuación del Pozo Ibarra tendrán que esperar a que éste mítico castillete minero sea un bien público. Así lo manifestó el alcalde de La Pola de Gordón, Francisco Castañón, tras ser preguntado por ello por la concejala de IU, Mercedes Ordás, en el transcurso del último pleno. La edil se interesó por la colocación de un cartel en la localidad de Ciñera que anuncia el Pozo Ibarra, así como las posibles actuaciones a llevar a cabo para mantener este castillete, declarado BIC en 2011.

Castañón explicó que junto a técnicos de la Dirección General de Patrimonio, analizaron el estado de los BIC del municipio, y de las posibles actuaciones para su conservación. En el caso concreto del Pozo Ibarra, señaló que «es necesaria una actuación para adecuarlo y que pueda ser visitable», al tiempo que remarcó que «la administración nos dice que solo habrá subvención para ello cuando sea un bien público, de la Junta, del Ayuntamiento, o de la Junta Vecina».Sin embargo, continúa siendo propiedad de la Hullera Vasco-Leonesa, en pleno proceso de liquidación. El regidor señaló que «estaría bien que fuera del Ayuntamiento, eso lo facilitaría todo mucho».

Por otro lado, y en relación al convenio de colaboración suscrito en su momento a tres bandas entre la Junta de Castilla y León, la Hullera Vasco-Leonesa y el Ayuntamiento de La Pola, Castañón matizó que «ese proyecto ya no tiene vigencia». Cabe recordar que una de las primeras partes del acuerdo era que la Hullera destinara 300.000 euros a las primeras actuaciones, que se centraban en una fase de inventariado y recuperación de materiales y, posteriormente, se iniciarían las actuaciones para la reubicación del castillete y la habilitación de un área de exposición. Una primera fase que nunca se llevó a cabo.

El testimonio de una época


El conjunto histórico del Pozo Ibarra fue declarado BIC en 2011 con categoría de conjunto etnológico. Las explotaciones conocidas como Grupo Ciñera o Pozo Ibarra, constituyen un conjunto industrial extractivo del carbón en pozo y galería, testimonio de la cultura y de las formas de vida de un pueblo, cuya actividad ha generado una transformación importante en la fisonomía del lugar. De entre el conjunto de edificios que componen el complejo, destaca indudablemente por su singularidad y representatividad tipológica, el castillete y ascensor de bajada a la mina, en uso hasta hace 14 años, formado por una estructura de hierro, que se enmarca en la tradición de las estructuras metálicas roblonadas de finales del siglo XIX, según consta en la declaración de BIC.

El castillete del pozo de Ibarra, constituye un singular y relevante ejemplo de alto valor patrimonial, tanto por su valor testimonial como por su singularidad arquitectónica y su autenticidad e integridad. Se trata de una estructura metálica de 31,5 metros de altura y 60 toneladas de peso. Consta de una torre en forma de paralelepípedo con cuatro columnas de hierro, dividida en seis tramos que se unen por cartelas de chapa, todas ellas roblonadas y arriostradas con crucetas de ángulo. Hacia el sur y separadas del eje del pozo dos zancas de apoyo o tornapuntas compensan la fuerza del tiro de la máquina de extracción.

El castillete, no sólo constituye una obra maestra de la ingeniería sino que además se configura como un singular testimonio de una época, de una revolución social, económica, tecnológica y urbana y nos permite entender la verdadera dimensión de los cambios históricos que tuvieron lugar en la España de mediados del siglo XIX, que dieron lugar a la transformación de una economía medieval en una economía de mercado y una sociedad estamental en una sociedad proletaria.
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