Desnuda en una playa perdida me rebelo,
tirito penetrada por los gélidos dedos del tiempo,
sigilosa la muerte me observa cercana.
Una niña me mira llorar asustada…»
(De ‘Song for Peter’, Baladas del abismo)
Su nombre suena en León a literatura, y es que viene de familia de escritores, desde su hermano José María Merino, una de las más destacadas firmas de nuestro actual panorama narrativo, hasta su sobrina Ana Merino, que navega imparable compartiendo poética y narrativa. Hablamos de Margarita Merino (León, 1952), cuya voz incluyen los expertos –tanto por la época tardía en la que comenzó a publicar como por estética– en la llamada «generación de los 80» o «postnovísimos» , con una poesía que reafirma la necesidad de la autenticidad, la emoción, el entronque con la realidad cotidiana y la capacidad de comunicación con el lector. A pesar de conseguir en 1985 el Premio Antonio González de Lama por ‘Viaje al interior’, poemario publicado al año siguiente y reeditado en 1998; a pesar de los siguientes publicados después de este (el último, ‘Viaje al exterior’, en 2016); a pesar de las palabras que le dedicara el entonces respetado crítico literario Ricardo Gullón considerándola en aquel momento «un fenómeno sobre el que hay que llamar la atención del país», sigue siendo una gran desconocida, hecho en el que tal vez influya su voluntario alejamiento de los círculos literarios, en los que todo se maquina, y su partida a EEUU, donde sigue viviendo y es ampliamente reconocida en numerosas universidades a través de su poesía y de sus conferencias y ensayos.

Se podrían llenar muchas páginas con el pensamiento y el sentir de Margarita Merino acerca de la poesía y de quienes la escriben. Particularmente reconoce que a ella, ésta, la ha ayudado a sobrevivir, a descubrir muchos aspectos de sí misma y de lo que le rodea. Es tanto lo que comunica que se hace casi imposible reducirlo a unas pocas líneas. Lees, la lees, y siempre quieres más. Por ello voy a terminar con la invitación a dejarse sumergir en sus palabras, en sus opiniones y en sus versos. Podrán estar de acuerdo o rechazarla de plano pero, ineludiblemente acabarán en la reflexión, como la que nos deja en una entrevista publicada hace algún tiempo, un buen consejo para tiempos tan convulsos.
«No son tan importantes las ideologías, y sí el respeto a la diferencia y la coherencia en las posturas desde las que con integridad se pueda convivir».
Y unos versos:
«… Los pájaros, perdidos los dulces recelos
que les sujetaban tímidos, han conseguido
anidar en los armarios. No tienen rubor
ninguno en llenar mi ropa favorita
de pedazos de pan y de excrementos…»
(«Mi casa», de ‘Viaje al interior’.)