Montserrat Landa González (Barcelona, 1970) lleva en León ya quince años. Al poco de su llegada participó en la exposición ‘Mujeres: del trabajo a la creación’, que yo misma organicé en Astorga por el Día del Trabajo bajo la premisa de que, en palabras de Castorina, «el Arte no tiene sexo», o al menos no debería tenerlo; desde ahí han sido múltiples nuestras colaboraciones. Licenciada en Bellas Artes por la Universidad de Barcelona, M. Landa ha compaginado desde el comienzo su carrera artística con la docencia, conjugando su labor en Educación Secundaria con la de profesora asociada en la Universidad, faceta de la que nos destaca su último y actual proyecto dentro de la Facultad de Educación de León, que define como «mi aventura- proyecto transformador como docente, con el que estoy muy ilusionada».
De sus exposiciones de escultura, ilustración y grabado realizadas entre Barcelona y León (entre las de aquí algunas en el Albéitar, otras con el Ayuntamiento de Astorga y algunas más a través de iniciativas de compañeros de profesión) resalta que le han aportado siempre ese «poder disfrutar y compartir con los demás un poquito de mi ser». Tras haberse apartado de su formación inicial como escultora en piedra por «problemas de infraestructura», advierte no haber dejado de explorar nunca, a otros niveles, con diferentes materiales, y nos dice: «Pinto, dibujo, diseño… es imposible desligar la creación de todo lo que hago, por insignificante, trivial y cotidiano que parezca», un proceso, el creativo, que extiende incluso a la creación de materiales educativos y a su trabajo en las aulas.


Influida por Isamu Noguchi, Brancusi, Rodin, Arp y Moore, en lo escultórico; o desde un post de Instagram, un comentario de sus hijos, una lectura, una película, en el día a día; con su visión conceptual de la escultura transformada a partir de una exposición de Noguchi en La Pedrera, se confiesa como firme defensora de la revolución educativa, de «hacer la revolución en la educación» para conseguir un radical cambio en un modelo educativo anclado en el s.XIX, en el que las reformas educativas se suceden dejando una tras otra de lado las humanidades y las artes, mientras «cada vez más estudios avalan el valor cognitivo del arte en todos los ámbitos y su valía como vehículo de conocimiento crítico», creyendo que «se deben crear alternativas pedagógicas para recuperar la pasión por el conocimiento (donde) la función real del arte (sea) alabar el proceso de transformación en el que se ven inmersos quienes la observan», y no la maestría técnica alcanzada.
Suerte del alumnado que pueda disfrutar de su manera de enfrentar el arte.