Esta tradición heredera de otras de fenicios y griegos se ha ido modificando hasta nuestros días. Dice el estudioso de estas tradiciones leonesas David Gustavo López que «su origen podría responder al culto a los espíritus arbóreos coincidente con el mes de la fecundidad y la renovación de la vida». Ha llegado a nuestros días en esencia, es decir, que con «la desaparición del culto arbóreo y dejar solo a los monigotes como personajes principales de esta tradición en muchos lugares de nuestras comarcas leonesas. Son estos personajes, los mayos, o el mayo y maya cuando son pareja los que saludan en cada barrio o en cada plaza de las localidades Los personajes se acompañan de un texto, que suele ir en verso, explicando la escena», según explica Xepe Vega al recoger la presencia de mayos en Cabrera y Valdería.

Mayos diversos
Pero recoge David Gustavo López, además de estos mayos artísticos con diferentes escenas de la vida cotidiana, de homenajes o, incluso, críticos e irónicos, otros diferentes: los mayos monigote, los mayos que se pinan para una celebración o los mayos vvivientes. Así el mayo monigote era habitual en Omaña, Valdería, Maragatería, Bierzo... con alguna alusión jocosa o denunciando algo.El más famoso de los mayos vivientes es el de Villafranca del Bierzo, en el que los jóvenes —maios— se revisten con ramas y flores silvestres en la fiesta del 1º de mayo.
Y seguramente el pueblo que con más frecuencia ha pinado el mayo, y lo sigue haciendo, para una fiesta o celebración —habitualmente para un misacantano— es Prioro, donde primero levantan el gran árbol pelado y después de la celebración de esa primera misa los mozos del pueblo y los de la comarca compiten por ver quién alcanza la copa de un mayo que suele superar los veinte metros.