Las "promesas amorosas ...que luego se lleva el viento"

Amor y Justicia en el Siglo XIII En El Bierzo (Capítulo 1)

Rogelio Meléndez
09/03/2025
 Actualizado a 09/03/2025
Casa del cura de Castropodame, donde Rosendo y María tuvieron sus encuentros furtivos.
Casa del cura de Castropodame, donde Rosendo y María tuvieron sus encuentros furtivos.

 

Aunque  en los libros de historia, se relatan normalmente hechos singulares y excepcionales, cuando acudimos a los archivos donde se guardan los registros del pasado, lo más normal es hallar datos totalmente insulsos y nada «importantes». No obstante a veces hay suerte y se pescan relatos a los que se puede aplicar aquello de que «la realidad supera a la ficción».  Hace ya varios años hallé uno de estos al investigar la historia de mi pueblo, Castropodame. Aunque hace años (2017) publiqué un libro de cierta extensión sobre el tema (unas 225 páginas), entiendo que no está de más hacer un análisis más profundo, de los sucesos que afectaron en los años centrales del siglo XVIII a los pueblos de Castropodame y San Miguel de las Dueñas esencialmente. El tema (amor y justicia) era entonces y sigue siendo ahora interesante. No se trata de una novela, ni de un cuento.

Es un trabajo de investigación, en el que analizando viejos documentos y declaraciones de muchos testigos; he tratado de acercarme todo lo que he podido al conocimiento de la verdad, acerca de unos sucesos que en su momento debieron dar mucho que hablar en buena parte de la comarca berciana. En este y otros capítulos (bastantes) iremos analizando minuciosamente esta larga historia, que parece sacada de una película, pero que es totalmente real. Por ello distinguiré escrupulosamente, lo que es una suposición lógica y razonable de lo que es un dato reflejado en documentos que aún podemos examinar con todo detalle.

Una historia real

En el año 1758 en la entonces Real Villa de Castropodame, (poco más de 100 vecinos esto es unos 355 habitantes), vivía un tipo llamado Rosendo Martínez Rodríguez. Nombre y apellidos corrientes, pero hombre al parecer «guaperas», valiente y decidido. Además no debía andar mal económicamente. Había nacido en el año 1731 y aunque aún joven, ya era huérfano de padre y madre. Tenía, no obstante por padrino a un tío suyo que era acaudalado y poderoso. En su momento hablaremos de este hombre.

El mozo soltero vivía al lado mismo de la casa del Señor Cura, tan al lado que las gallinas del clérigo a veces entraban para la casa de Rosendo y en alguna ocasión María de Viñales una de las criadas del Señor Cura (D. Juan Antonio Merino) tuvo que ir a buscarlas a casa de Rosendo. María de Viñales (o María Viñales) la criada citada, había nacido en el año 1736 y como era habitual entonces se pasaba las 24 horas del día en casa de su amo, que contaba además con otra criada, llamada Manuela de Rivas y Robles de unos 50 años de edad. Era el ama de llaves. La más joven de las dos criadas y como Rosendo, era también huérfana de padre y madre. Tenía un padrastro con el que no tenía muy buena relación. La moza era aún menor de edad en 1758 (había nacido el 4 de diciembre y la mayoría de edad legal se alcanzaba a los 25 años entonces) y su tutor y representante legal era un hermano llamado Manuel de Viñales, que llegado el momento fue quien la defendió.

En aquellos años, la «palabra de casamiento» era la «frase mágica» que facilitaba las relaciones sexuales

En los pueblos y como aún sucede en nuestros días, eran habituales los chismorreos y comentarios sobre lo que hoy llamaríamos noviazgos, aunque en el siglo XVIII los «contratos» para casarse no eran lo mismo que hoy día. A María Viñales se le conocían dos pretendientes con los que mantenía «trato y amistad». La expresión novios no se empleaba. Ninguno era Rosendo. Uno era un mozo de Castropodame de unos 23 años llamado Alonso González. Era el criado de D. Manuel Ramón, el hombre rico. Otro era un tal Santiago Raposo, vecino de Matachana y de 26 años, pero ya viudo. En ambos casos los deseos de estos por casarse con María eran conocidos; pero con respecto a Rosendo nada se sabía en el pueblo. Sin embargo y gracias al largo proceso judicial litigado en Castropodame, San Miguel de las Dueñas y Valladolid (Real Chancillería), hoy sabemos que María debía estar lo que llamamos «locamente enamorada» del que a todos los efectos era su vecino.

Rosendo se debió percatar de ello y de que tenía a la moza a su alcance y decidió pasar a la acción. Tuvo, eso sí, mucho cuidado por lo que parece, en ocultar que quería tratos con la moza  que entonces  eran prohibidos por leyes humanas, divinas y por la propia opinión pública. Como pretendo ser lo más objetivo posible quiero citar un trabajo de Vicente Fernández Vázquez, conocido historiador, publicado en 1991 en la revista del I.E.B. titulado, «Situación de la mujer berciana en el Antiguo Régimen». En el mismo se deja bien claro los graves riesgos que implicaban las relaciones sexuales fuera del matrimonio, aunque fuesen entre dos personas solteras y sin compromiso. Graves problemas sobre todo para la mujer. También dice, eso sí, que las relaciones sexuales en las jóvenes de clases humildes, eran más frecuentes de lo que algunas fuentes dejan entrever. María era de clase humilde y considerada entonces incluso por la justicia como pobre. 

Otro artículo, este más reciente, de Diego Castro Franco (sobre un proceso inquisitorial en Campo del Agua en los años centrales del siglo XVIII), también alude a la creencia al parecer bastante extendida, de que la «simple fornicación» entre dos personas fuera del matrimonio, no era pecado…en algunos casos. En el artículo (revista Bierzo. Año 2024) aparecen algunos detalles más, en esta línea de opinión. No obstante está claro que la opinión de la iglesia no era esa y que su opinión pesaba mucho, muchísimo. Otro documento que recientemente he conocido (año 1784, referido a Villaverde de los Cestos), muestra asimismo los graves problemas (legales) derivados de embarazos fuera del matrimonio, problemas que también (aunque en menor medida) afectaban a los mozos. La salida airosa era simple.

El mozo se comprometía a casarse con la moza y santas pascuas. Incluso en el artículo precitado de Diego castro Franco, se cita una declaración de un clérigo de la zona de Campo del Agua, (Juan Antonio García) que en 1751, decía que puesto que la Iglesia ponía trabas para casarse a los que tuviesen cierto parentesco, estos, para acelerar el proceso y evitar costes, mantenían relaciones antes de casarse. Pero en cualquier caso, si el mozo (sucedía a menudo) se negaba a cumplir su promesa de matrimonio, entonces empezaban los problemas. Por otra parte y según expone Vicente Fernández Vazquez, la «palabra de casamiento» era la «frase mágica» que facilitaba las relaciones sexuales.


La noche del Corpus del año 1758


 Según mis cálculos (son relativamente simples), la fiesta católica del Corpus Cristi en 1758 tuvo lugar el día 25 de mayo. En aquellas épocas ya era costumbre que hubiera baile en ciertas fiestas importantes. Es muy posible que ese día lo hubiese. El 15 de agosto de 1758 por ejemplo, lo hubo en la casa del Señor Juez (Manuel Ramón) y duró desde el atardecer hasta bien entrada la noche. Asistieron las dos criadas del Señor Cura. Eran bailes que nada tienen que ver con los «guateques» de los años 70 del pasado siglo XX o las discotecas modernas.

A los mismos y además de los mozos y mozas del pueblo, asistían personas mayores (ama de casa del cura que ya debía estar viuda), que supongo observaban y controlaban que todo discurriere por cauces honestos. Nada extraño se observó. Rosendo entonces bailó en el círculo de las mujeres y punto, según declaró una de las mozas asistentes.

Los encuentros se produjeron en la casa del cura, donde era criada María de Viñales, la embarazada, pero este no se enteró de nada


No obstante, meses después (marzo de 1759) y una vez destapado el escándalo, María de Viñales declaró que aquella noche del Corpus de 1758, tuvo lugar un suceso que entonces sí era para llamar la atención. Según la moza y eso sí, después de que Rosendo le diera «fe, mano y palabra de matrimonio» y movida por la fragilidad humana, dio entrada a Rosendo en la casa del cura, su amo, y, lógicamente cuando este se hallaba recogido. Después durmió con Rosendo y tuvo varios «actos torpes» (así se llamaban) perdiendo la moza su virginidad…y su honor.

No detalla como entró Rosendo en la casa del cura  a aquellas horas tan poco adecuadas; pero todo parece indicar que no por la puerta principal. Siguiendo con su relato la moza explicó que la víspera de Ntra. Sra. de agosto (día 15) Rosendo «repitió la jugada». En esa ocasión Rosendo entró por una ventana del pajar de la  casa del cura y volvió a dormir con ella y en la noche del día 15 de nuevo se repitieron los hechos. Por lo visto el mozo aprendió el camino bien y es casi seguro (aunque no consta expresamente) que también la noche del Corpus utilizase la ventana del pajar como vía de acceso. Es lo más lógico. María, en su declaración, dijo también que, a consecuencia de estos lances ,quedó embarazada. No supo o no pudo aclarar en cuál de las tres fechas se produjo el embarazo. A juzgar por lo que dijo la moza en su momento, debió suponer que fue en agosto, pero si hacemos las cuentas (hoy día) parece que no. Habría sido el 25 de mayo. Ya es mala suerte. A la primera fue la vencida.

La casa del cura (D. Juan Antonio Merino) en aquellos tiempos, debía tener un aspecto ya similar al que tuvo hasta los últimos años del pasado siglo XX. En 1988 yo hice un plano de la misma y comparando este plano con un croquis del siglo XVIII (año 1752), que también conozco, resulta evidente que entre la casa del cura y la de Rosendo Martínez, debía haber una especie de patio. Seguramente en ese patio estaban a menudo las gallinas del cura. Como yo en 1988, nada sabía de estos problemas del siglo XVIII, no presté mucho interés por localizar la habitación o dependencia donde antaño pudo dormir María…en el año 1758, pero los planos citados (son dos plantas) los conservo y por ello estimo (hipótesis) que Rosendo entró por la esquina SO de la gran casa donde estaría el pajar y llego después hasta la esquina SE donde se hallaban las dependencias donde dormían las criadas. 

Según declaró en su momento el ama de llaves, cada una de ellas dormía en una dependencia distinta, pero eso sí, estaban una encima de la otra. En la inferior (cocina baja) y piso inferior entiendo lo hacía el ama de llaves (la señora de unos 50 años) y en la cocina alta (planta superior entiendo) María Viñales. La cuestión es que el ama de llaves (Manuela de Rivas y Robles), no se enteró de nada, ni tuvo sospecha alguna de que Rosendo estuviese haciendo compañía a la otra criada del cura. Declaró eso si, que dejó de ser criada en la casa del cura de Castropodame poco después de la fiesta del Corpus del año 1758. Cuando por tanto hubo los dos últimos «lances», ya sólo debía estar de criada María de Viñales, la cual debía ser la encargada de abrir y cerrar las puertas de la casa. Es posible (luego lo veremos) que en alguna ocasión saliera Rosendo de la casa (tras acostarse con María), por la puerta principal de la casa del cura. No obstante, el día de Corpus del año 1758 sí durmió Manuela de Rivas en la casa del sacerdote. Por otra parte, la señora ama de llaves declaró que como le correspondía, todas las noches cerraba con llave las puertas principales de la casa y no las abría hasta la mañana.

Pero claro, la ventana del pajar no era puerta principal y, por otra parte, esta señora no parece que tuviese el oído muy fino, pues nada oyó el día de Corpus precitado.

 
He dicho que es preciso analizar con lupa las declaraciones de todos los testigos, cuyos testimonios figuran en los autos y entre estos también los de esta señora ama de llaves, que fue presentada como testigo por parte de Rosendo. Ojo al dato. 

En su testimonio dijo que durante más de un año fue compañera de trabajo (criada) de María de Viñales y que nunca vio   que Rosendo tratase o hablase a solas ni en partes ocultas con María. Matizó incluso más, señalando que no cree que hubiese habido trato alguno, ni siquiera amistad entre Rosendo y María, pues de ser así ella o incluso su amo el Señor Cura, hubieran tenido constancia de ellos y además (añade) se hubiera sabido en el pueblo. En fin, que sugiere que María se está inventando esa supuesta promesa de matrimonio hecha por Rosendo.

La cuestión es que si durante un año tanto ella como su compañera de trabajo, eran vecinas de Rosendo, resulta muy difícil que no observase algún detalle de complicidad entre el mozo y la moza; salvo, eso sí, que el tema de la promesa de matrimonio fuese un invento de María.  Incluso aunque no hubiese habido esa promesa, es difícil suponer que Manuela de Rivas no se percatase de que María andaba detrás de Rosendo. Cualquier detalle, una simple mirada denotan esa situación.

El Señor Cura por su parte ya debía ser entradito en años. Durante tres noches tuvo alojado en casa al vecino mozo y haciendo compañía en la cama a su joven criada, María de Viñales sin enterarse de nada. En la casa del cura no debía haber de modo habitual más que las dos criadas y el propio cura, ya que, de lo contrario, la justicia hubiese llamado a declarar a más personas. Los jueces debieron suponer que el Señor Cura no se enteró de nada, por lo que respecta a estos sucesos.


Empiezan los problemas


En los últimos días de agosto del año 1758, María Viñales comenzó a sospechar que estaba embarazada. Esto parece confirmar, que el embarazo fue consecuencia de su contacto con Rosendo el 25 de mayo. Lógicamente y siempre según la moza, esta se lo dijo a Rosendo y le pidió que cumpliera su promesa de contraer matrimonio con ella. Pero el tipo contesta que quizá no está embarazada. Que si lo estuviera, se casaría con ella, pero en caso contrario no, porque como son «algo» parientes se precisa gastar mucho dinero para ello.

¿Qué tipo de parentesco tenían?. Pues según declararía en su momento el mismo Rosendo muy lejano y poco claro. Especificó que no sabía su parentesco con su vecina María y que le «parece» que su padre (el de Rosendo) y la abuela de María se trataban de primos y que «ha oído decir que son parientes». En definitiva, que eso del parentesco parece excusa de mal pagador, como decimos hoy día. 
Después y siempre según María tuvo otra idea «brillante» más. Le dijo a la moza que si le parecía que no estaba embarazada, se fuese de criada al cercano monasterio de San Miguel de las Dueñas. Una vez allí y si nacía la criatura y si se la pudiese entregar a él, este la cuidaría y ayudaría a María en lo que pudiere. Ayudar no es exactamente lo mismo que casarse con ella «como lo manda Dios y la Santa Madre Iglesia». Dos siglos después, una muy conocida canción (de Manolo Escobar) famosa en toda España, reflejaría muy bien la situación. Las «promesas amorosas…que luego se lleva el viento».

María en este punto, se debió hallar en una situación un tanto embarazosa por partida doble y debió sospechar que Rosendo la quería engañar y abandonar, pero aceptó la idea de ir a servir al citado monasterio ubicado a unos 4 km (menos de una legua) de Castropodame. Allí encerrada noche y día estaría a salvo de miradas indiscretas y a esperando…a que «sea lo que Dios quiera». Los criados y criadas entonces estaban de servicio las 24 horas del día.


 

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