Toma Revilla una expresión del poeta Marcos Ana, el preso que más tiempo pasó en las cárceles franquistas, cuando éste afirmaba que «España se convirtió durante el franquismo en “una inmensa prisión». Y añade el profesor de la ULE que «no yerra ni exagera el que fuera uno de los presos de la dictadura. Dada la represión ejercida, se habilitaron desde calabozos provisionales hasta inmensos campos de concentración de prisioneros políticos republicanos, donde estudios contrastados hablan de una población reclusa de entre 300.000 y 500.000 personas en los años de la posguerra».
Cree el ponente que, en este ambiente, se hace necesario conocer «el funcionamiento de los llamados Batallones de Trabajadores y de las Colonias Penitenciarias Militarizadas que, bajo un barniz de legalidad y remuneración básica, se obligó al trabajo forzoso de miles de los presos del franquismo; fue un abuso institucionalizado basado en el terror y el sometimiento a seres humanos considerados inferiores y culpables por no seguir los principios de la dictadura».

Otra de las ponencias de la jornada del martes será la de Beatriz García Prieto sobre las leonesas presas en las cárceles del franquismo, quien recuerda que «cientos de mujeres leonesas fueron juzgadas por la justicia franquista y condenadas a diferentes penas de prisión que cumplieron parcial o totalmente en los centros de reclusión de la provincia, pero también en otras cárceles y prisiones repartidas por el resto de España. Todas ellas conformaron una extensa red penitenciaria que actuó como eje central del sistema represivo del bando sublevado y la dictadura franquista. En ellos se las internaba y torturaba buscando reeducarlas y eliminarlas ideológicamente con el objetivo final de neutralizar sus posibles actos contrarios a la dictadura».
Un trato deshumanizado y unas duras condiciones de vida eran el modelo seguido para someter a estas mujeres. «Las presas se enfrentaron a ciertos castigos y limitaciones específicas debidas a su género. En este sentido, debemos destacar la disciplina cuartelera que las monjas y las falangistas impusieron en los presidios femeninos que destacó por la dureza de trato infringida sobre las reclusas; el encarcelamiento de menores junto a sus madres; la problemática convivencia entre presas comunes y políticas».
También expondrá el caso de un centro penitenciario específico para mujeres, la Prisión de Partido de Astorga. «Funcionó desde 1938 hasta su cierre en 1961 y de la que conocemos datos tan interesantes como la alimentación, los medios de higiene o los tratamientos médicos. Otra prisión muy significativa para las presas leonesas no estaba situada en León, que es la Prisión Central de Mujeres de Saturrarán, en Guipúzcoa».