Hasta que llama a la puerta

La última de La Nueva Crónica

Fulgencio Fernández y Saúl Arén
04/04/2025
 Actualizado a 04/04/2025
| SAÚL ARÉN
| SAÚL ARÉN

Convivimos con los ritos y los símbolos de la muerte hasta, seguramente, más allá de lo razonable. Hasta hace cuatro minutos pasábamos la noche del adiós del vecino a los pies de su cama como si estuviera vivo, charlando incluso de manera distendida, a veces con cena de despedida.

En unos días tomarán las calles imágenes de cristos crucificados, con la sangre en sus manos, sus pies, alrededor de su corona. Vírgenes dolientes, pasos sobrecogedores y desde las orillas de la calles les miran con el alma encogida por los sonidos de las carracas, trompetas y tambores que le han robado la voz a las campanas. 

De nada sirve saber que en unos días resucitará, no alivia. Forma parte de la cultura inoculada en años y siglos de ritos. 

Y las cruces, calaveras, carteles, nombres... se arrumban en los rincones de cementerios, osarios, templos...

Hasta que la muerte real se asoma a tu puerta, golpea sin misericordia ni lógica en la puerta de tu casa, de tu vecino, de tu pueblo... entonces todo cambia y explota. Te repiten la historia de la esperanza, que estamos de paso, que nacimos para esto y no conozco a nadie (pon casi nadie, si quieres) que recuerde haberlo escuchado, que le haya aliviado, que le haya hecho nido a la esperanza. Los ritos son una cosa, la muerte... 

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