Mira su cara de ilusión

Fulgencio Fernández y Saúl Arén
28/03/2025
 Actualizado a 28/03/2025
| SAÚL ARÉN
| SAÚL ARÉN

El único momento mágico de los ‘reyes oficiales’ (a los regalos me refiero) es el de llegar a la cocina (en las ciudades, al salón) y romper el envoltorio. Ese segundo alcanza un nivel de ilusión de once en una escala de uno a diez. 
De ahí en adelante todo se convierte en una complicada cuesta abajo de momentos ciertamente decepcionantes. El primero –hablo del pleistoceno en lo de creer en los reyes (magos)– es que el juguete que más ilusión te hacía, la ambulancia con sirena, va a pilas y nadie se acordó de ponerlas. Y lo de hacer el ruido de la sirena con la boca no me negaréis que es un cuestionable manera de alimentar la ilusión.
Así sucesivamente. Y ya no te cuento si uno de los paquetes que desenvuelves tiene dentro un pijama, que no era nada extraño.
Total, que acababas jugando con la caja del pijama o la de las zapatillas, la atas con una cuerda, la cargas con unas hierbas de cualquier pajar, haces el ruido con la boca y tienes el mejor tractor que ha salido de la casa Zetor o la John Deere.
Porque la magia está en la imaginación del niño, no en la sirena de la ambulancia o las piezas del Exin castillos. 
De ahí que sea una pena que no podáis ver la cara de felicidad de este niño que ha hecho de una valla municipal una trinchera, un escondite, una torre de vigilancia... Un sueño y un canto a la imaginación. 
Por favor, madre, no se te ocurra decirle «¿pero qué haces?, sal de ahí».

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