Astorga regresa el chocolate y los maestros chocolateros y el personal se vuelve loco a visitar y degustar el pasado; en la misma ciudad levantas una piedra y salen tres romanos que estaban allí descansando antes de una nueva edición de su circo y su fiesta...
Las cercas de las calles de tantos rincones de la capital nos recuerdan que la Edad Media sigue viviendo aquí mientras paseamos a su sombra, mientras desde las ventanas observan imágenes antiguas. Pronto las procesiones pasarán por allí, sorteando la estrechez, recordando ritos que nos llevan a veinte siglos antes nuevamente con las calles abarrotadas, en una Semana Santa que los hosteleros no se cansan de repetir que les proporciona la mejor semana del años, con chapas, limonadas y los hoteles llenos.
Y la Catedral y sus criptas; y San Isidoro y su Sixtina; y San Marcos y su cárcel que no quieren recordar en aras del lujo con paneles; y la muralla paseable, la historia contenida en los museos que se reparten por la provincia en número y temática como pocos lugares pueden presumir ...
Para mirar al pasado no se puede negar que estamos en la mejor situación y hasta que lo hacemos. Pero si el pasado no alimenta el futuro corremos el peligro de quedar en la pared colgados de la brocha.
Y el alimento más repetido del futuro es el lamento. Y los números nos golpean en cada nueva estadística con los que ya no están aquí sino produciendo allí...
Si antes lo hicieron otros, ¿que nos pasa ahora? Parece que no basta mirar desde la ventana o lucir las piedras de una rica historia ¿Qué pensará el mirón?