Hay muy expresión muy rural que es «salirse del suco»para hablar de los que abandonan los cauces de lo tópico y lo trillado. El primer cauce que desbordan es el académico pues la propia expresión no es correcta, aunque sumándose a la eterna disidencia del montaraz montañés Antonio Valbuena se podría argumentar que es la propia academia y sus académicos los que se han salido de los caminos de la realidad.
Se podría argumentar pero mejor no, que no van por ahí los tiros. Por donde sí van es por el elogio de los que abandonan el surco de la repetición de lo trillado, repetido, comercializado y aburrido, aunque si ofreces alguna degustación gratuita –cobrando el plato, eso sí– las colas ante las cazuelas te permitirán disfrazar de éxito lo que igual no lo fue tanto y al año siguiente repites... sin salirte del surco.
Por eso tienen más mérito los que se salen, los que inventan, los que reúnen gente sin cola que degustar y, sobre todo, los que cambian la imagen de su tierra, para bien. Ahí tienes a San Pedro Bercianos, una galería de arte sobre las paredes de sus casas, una nueva cara que invita a detenerse en cualquier rincón. O en el historiado frontón.
Y a ese salirse del surco le han llamado curiosamente suco.
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