El 13 de abril de 1965 fue Martes Santo. Hace sesenta años –se cumplirán en unos días–, arrancaba a las ocho de la tarde, de la iglesia parroquial de San Francisco de la Vega, la primera Procesión del Perdón de la historia –la cofradía se había ‘estrenado’ el día antes, en la del Pregón–, arropada por su barrio.
De la mano de Ángel Benavente –su abad fundador y verdadero impulsor– la cofradía, nacida al calor de la vida parroquial, había echado a andar formalmente cuatro meses antes, con la reunión fundacional celebrada en las oficinas de la empresa ‘Calor y Vapor’, en la que trabajaba Carmelo Luna, su primer secretario. El 5 de enero de 1965, el entonces obispo, Luis Almarcha, aprobará sus estatutos.
Aquel Martes Santo de 1965 –día en que también salía a la calle la Procesión Penitencial de Mujeres– tuvo lugar, a su vez, el primer indulto –un joven cordobés llamado Pablo Padillo–, escenificado ante la antigua cárcel de Puerta Castillo. Y el Cristo del Perdón fue, en aquella ocasión, el de la Crucifixión de Jesús –todavía no contaban los de La Vega con su Titular–, a hombros y con horquetas –no tenía el trono tentemozos–, al que acompañó la banda de Minerva.
En 2015 –hace ahora diez años–, para conmemorar su cincuentenario fundacional, la Cofradía del Perdón quiso –más allá del programa de actos diseñado– que su procesión del Martes Santo fuera especial, cuestión en la que su junta de seises –con su abad, José Carlos Alonso, al frente– empezó a trabajar recién comenzado el año, reunida el 14 de enero.
Con San Francisco de la Vega como lugar de salida –y no el asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, como venía siendo habitual– y llegada de la procesión, participan en ella las cofradías leonesas –además de las Tres Caídas de San Andrés del Rabanedo, Jesús Cautivo de Oviedo, Sagrada Pasión de Valladolid y Cristo de la Agonía de Salamanca–, con sus guiones y algunos braceros.
Y, además, forma parte del cortejo –desde la plaza de las Concepcionistas y, tras el acto del Perdón, hasta Santo Domingo– el Cristo de la Crucifixión de la Cofradía de Jesús –que, en la mañana del Viernes Santo, procesionará por última vez en 2019–, con sus propios braceros y acompañado por la banda de cornetas y tambores de la penitencial, rememorando así que, medio siglo antes, lo había sido también del Perdón.