Los personajes del tío Ful: Ovidio Álvarez, canónigo de San Isidoro

Después de una vida por parroquias bien diferentes: Geras, Laciana, Murias, Omaña, La Sobarriba... desembarcó en León con especial dedicación a los enfermos. Fue homenajeado el martes

Fulgencio Fernández y Laura Pastoriza
18/03/2023
 Actualizado a 18/03/2023
Ovidio Álvarez, durante la entrevista | Laura Pastoriza
Ovidio Álvarez, durante la entrevista | Laura Pastoriza
La sonrisa permanente del  tranquilo canónigo, dedicado ahora a la pastoral de la salud, que camina por los pasillos de San Isidoro aún recuerda a aquel ‘joven’ cura que en la famosa Marcha Negra de Villablino  acompañó a los mineros y ejercía, sobre todo, de enfermero, curando bojas, recuperando pies, dando ánimos. Hasta el punto de querer entrevistarlo como ‘curandero’ y aclarar que realmente era el cura.

- ¿Te marcó aquella Marcha Negra del 92?

- Mucho. En realidad me marcó Laciana, donde estuve 25 años. Había llegado en el 80 y allí aprendí que los obreros sólo consiguen que se respeten sus derechos luchando, con la huelga, la marcha... bueno, y lo anterior, que antes de aquella caminata hubo unos enfrentamientos muy duros en los cortes de carreteras y demás que dieron paso a aquella marcha que fue un ejemplo de lucha.

Y es que llegaba Ovidio Álvarez de parroquias más tranquilas, después de cantar misa fue destinado a Geras y otros dos pueblos de la comarca de Gordón. «Los de la montaña y el puerto, que en Pola había otro cura entonces, no era como ahora».

Y después de Laciana se quedó cerca, en Murias de Paredes, y unos años después volvió a ejercer en la comarca vecina, el municipio de Riello y Omaña. «Allí fui muy feliz, tenía mucho trabajo, eran muchas parroquias, muchísimas, pero una comarca muy tranquila, acogedora». Allí regresa con frecuencia, también le marcó en otro sentido, para ‘saltar’ a la Sobarriba, «una buena comarca para los curas porque es tierra de mucha religiosidad, muchas tradiciones, una cofradía con mucha historia, gente trabajadora...».  

La última etapa fue la parroquia de Santa Marina en la capital y ese cargo en la pastoral de la salud, atendiendo a los enfermos, acompañando a los curas ingresados en la Regla, arreglando papeles... «Una mano amiga en la enfermedad es algo que se agradece de por vida». Tanto que se reunieron por decenas para homenajearle, en San Isidoro.
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