Pedro tiene todos los atributos de los viejos molineros, no ha olvidado aquellos años de esplendor de su oficio, tampoco ha olvidado a sus gentes, vive cerca del molino, le encanta la lucha leonesa y recordar y contar historias...
- ¿Vamos a hacer la entrevista al molino?; pregunta.
- ¿Funciona?
- No es que no funcione el mío, es que realmente no funciona ninguno.
- ¿En toda la provincia?
- En todo este contorno que yo conozco, en el que me he movido, que nos llegamos a juntar hasta cien molineros.
- ¿Para luchar?
- Para lo que fuera, que los molineros somos gentes muy unidos, de buena llevanza.
Pedro es uno de los molineros de Garrafe, aunque no nació allí sino en otro molino cercano;hijo y nieto de molineros, que vive en una finca rodeado de naturaleza y recuerdos del oficio: «Ya que no vamos al molino... pues nos sentamos sobre esta vieja piedra de moler».
Yen la vieja piedra, con las hierbas del tiempo asomando por sus rendijas, Pedro García ‘El Molinero’ cuenta historias del oficio, de los numerosos molinos repartidos por la provincia —desde Mansilla a la Montaña—en los que estuvo su larga familia, los muchos hermanos de su abuelo, de su padre, los viajes a los aluches... «Con 18 años marché para Alemania, me gustaba aquel país con todo lo que se diga, pero a los dos años volví para ver a mi padre y en la aduana me detuvieron porque había entrado en quintas y estaba en búsqueda...».
- ¿Y volviste para Alemania?
- No. La vida tomó otro rumbo, ya me quedé aquí y aquí hice la vida.
Y reflexiona sobre cómo en poco tiempo los viejos molinos cayeron en desgracia, las modernas maquinarias, la harina industrial, la falta de relevo generacional... sembró la provincia de edificios que en la mayoría de los casos permanecen en pie con ‘cemento’ de nostalgia, de viejos molineros que se resisten a que avance el olvido.