
Pero, al margen de las investigaciones que se están realizando, hay otras faenasigual de necesarias, como es conducir los rebaños a los puertos de las Pintas, en Salamón, y Vioba, en Lois, donde van a pasar los meses de verano. Para colaborar en esta faena bajó desde Lois, donde vive, hasta Salamón, donde desembarcaron el rebaño, Mari Carmen, vecina de Lois, de familia ganadera. Y a los que acudían con las mil ovejas les llamó la atención la facilidad con la que la joven vecina del valle encauzó el rebaño. La genética pastoril de la tierra ayudó bastante.
Mari Carmen «entró en tratos» con el manso de la ruidosa cencerra, consciente de que es a él a quien va a seguir el rebaño, igual que es utilizado para embarcar y desembarcar, su pacífico carácter le ayuda mucho.
Y así fue cómo en pocos segundos el manso caminaba detrás de Mari Carmen y los rebaños comenzaron su lento y polvoriento caminar.
Una imagen que no pasó desapercibida a los grupos de investigaciónque la llevaron a sus blogs de notas y anotaron el titular de lo que acababan de vivir: «La bella y el manso».
Ylas viejas fórmulas para hacer lo que parece difícil, conducir un rebaño.