La madurez del veterano tenor estadounidense (1954) resulta casi milagrosa: después de tres décadas especializado en el bel canto de Rossini o Bellini, ha ido abordando papeles cada vez más pesados, incluso el verismo de Puccini o Mascagni. Premio Campoamor 2015, al año siguiente alzaría el International Opera Award. En la tragedia de Verdi sobre el moro de Venecia, Kunde dio una exhibición de fraseo, brillo, energía, precisión y musicalidad. Lo acompañaron la soprano italiana Maria Agresta (1978) y el barítono malagueño Carlos Álvarez (1966), con la dirección del turinés Davide Livermore, un escenario circular con proyecciones. En el foso, un referente como el indio Zubin Mehta, entonces director musical del Palau. Aquellos tiempos felices se esfumarían poco después, con los sucesivos recortes de presupuesto (y algún que otro escándalo político). Esta producción de ‘Otello’ perdurará como el mejor fin de ciclo.

Boito, reformista y admirador de Wagner, condensó la acción (de 3.500 líneas a 800) en un drama profundo, denso, arriesgado y poético al que no le sobra una coma. Fascina tanto por su fluidez e intensidad como por la categoría literaria de sus versos. En cuanto a la partitura, logra fundir con naturalidad la palabra y la melodía. El genio de Busseto (1813-1901) abandonó al fin los números cerrados en pos de un movimiento continuo, y alcanzó cimas propias de la tragedia griega con una escritura moderna y expresiva. Todo lo que oímos está justificado por el argumento: la violencia de la tempestad –que describe mediante la orquesta–, la serenidad del dúo de amor, el miedo de Desdémona en la despedida a su criada… las grandiosas líneas vocales marca de la casa siguen presentes, pero no se recrean en variaciones o repeticiones. Están al servicio del drama.
La música caracteriza a unos personajes más reales que meramente teatrales, en especial el siniestro Yago –que solo declama– y el protagonista. Otelo comienza intachable y épico (Esultate) y se va resquebrajando. Posesivo, teme perder a su mujer. Ya en el dúo de amor, sus últimas notas engullen a las de ella, más frágil; preámbulo del asesinato.
En la instrumentación, Verdi logró efectos poderosos con economía de medios. Impacta el primer acorde de la obra, estridente y directo, seguido de cromatismos que imitan las olas y la niebla que no deja ver, y los relámpagos en forma de vientos madera muy agudos. Cuando pasa la tormenta, los violines emulan las estrellas. El escritor de ‘Rigoletto’ ya había experimentado con leitmotive, aunque nada hacía prever las disonancias, las arriesgadas modulaciones o los acordes impresionistas que acompañan a Yago. Es el Mal puro, de quien nadie desconfía por su buena presencia. En el segundo acto, un larguísimo dueto, consigue que el héroe pase de idolatrar a su mujer… a querer matarla.