Localizado en la avenida Párroco Pablo Díez de la capital provincial, El Paraíso nacía a principios de los noventa como un espacio creativo «que supuso un punto de luz y esperanza en uno de los barrios más duros y asfixiantes de la periferia obrera de León». Fueron los hermanos Pablo y Manolo Ortega quienes se encargaron de alumbrar este rincón para la cultura. Un rincón por el que pasaron bandas como los bilbaínos de Crónicos, los gallegos de Mitocondrias, el zaragozano Manolo Kabezabolo o los franceses de Dum Dum Boys. Sobre su escenario, la banda Búffalo celebró su primera actuación y, en sus paredes, el ilustrador Mik Baro llegó a exponer su trabajo.
Pero El Paraíso no duró mucho. A mediados de la última década del siglo pasado, la sala cerró sus puertas. Tras un tiempo cumpliendo la función de centro social y cultural, el espacio se vio relegado al abandono, quedando su letrero como único recuerdo. Letrero que colgó de su fachada hasta septiembre del año pasado.
«A mí, que voy mucho por el barrio, siempre me gustó un montón ese cartel», explica Alex Cooper, responsable de la Fundación Club 45: «Un día pasé y ya no estaba». A partir de ahí, sólo había que seguir tirando del hilo. «Fuimos a preguntar al Ayuntamiento de San Andrés y no sabían decirnos qué había pasado con él, pero nos dijeron quién se había hecho con el edificio», continúa Cooper, que tuvo que acudir a la empresa de talleres y neumátuicos Cecar, para encontrar, al fin, los rótulos de la desaparecida sala: «El cartel estaba, lo habían guardado ellos, pero se había roto». Ahora era el propio letrero el que tenía que pasar por el taller.
"Recuperar este letrero es recuperar la memoria de algo que pasó en León y que no debería perderse"
«La idea principal de la fundación siempre es traer al medio rural actividades y formas de entender la vida que se supone que son urbanas, pero que pueden funcionar también aquí», expresa sobre el espacio de Santa Colomba de Somoza: «El letrero de El Paraíso nos gustaba mucho por todo lo que representaba y recuperarlo es recuperar la memoria de algo que pasó en León y que no se debería perder». También, una forma de «dejar testimonio y documentar la vida en la cultura popular que hemos tenido».
Después de unos meses de reparación y coincidiendo con la reapertura del Club 45 tras unas semanas de descanso, el letrero llegó a manos de Cooper en buenas condiciones. Un hecho que este domingo celebran abriendo las puertas de la fundación a las 17:00 horas en un evento de entrada libre hasta completar aforo que lleva por acertado título ‘Bienvenido al Paraíso’. «Yo ya había hablado con Manolo, de Los Positivos», cuenta el responsable sobre uno de los creadores del espacio de Párroco Pablo Díez: «Le había contado la historia y le había dicho que, cuando tuviésemos el letrero, me gustaría que tocaran». Poco tardó en unírseles Juancho Lizard, «que tocó con los Salamanders en El Paraíso, donde también grabó un videoclip con The Crépitos». A ellos se sumó además Dr. Hofmann. «Cuando contacté con él me dijo que lo que más recordaba de El Paraíso era el futbolín», rememora entre risas sobre un artista urbano que «tiene mucho que ver con esa imagen pop trasladada a las paredes de los barrios».
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Así, el sonido de Los Positivos, los vinilos de Juancho Lizard y una ‘pop up’ por cortesía de Dr. Hofmann festejan por el diseño de unas letras de estilo ‘bauhaus’ que, sin saberlo, son reseña de una parte de la historia de León. Todo en una jornada que cierra una especie de círculo. «Más que cerrarlo, es empezarlo», apunta Cooper: «Es como empezar una segunda etapa y renombrar la terraza de nuestra sala, que a partir de ahora se llamará El Paraíso». Y es que la noticia ya ha llegado hasta los habitantes de Santa Colomba y unas vecinas a las que el responsable se refiere como «las chicas de oro» ya no tienen como destino cafetero el Club 45. «Siempre vienen los miércoles y esta vez me dijeron ‘ahora vamos a El Paraíso’», refleja y es verdad: «El Paraíso se ha reubicado en la Maragatería».
Esta última adquisición ya forma parte de la fundación y de su archivo; uno que ha congregado en sus inmediaciones a casi 6.500 visitantes en los poco más de seis meses desde que abriera sus puertas al público el pasado 1 de junio. «Toda la gente que viene aquí entiende que esto no es un negocio, que la motivación es otra», relata su director: «Aquí venimos a generar y colaborar en la regeneración de todo el tejido social de la comarca; a ofertar a la gente una posibilidad de ocio y cultura que antes no exisitía y a dar motivos a todos esos habitantes que no residen aquí para venir mucho más de lo que vienen habitualmente».
Tanto es así que pueblos como Val de San Lorenzo, Luyego o Astorga se han volcado del todo con la fundación. No son los únicos; el primer Premio ‘Comarcas’ otorgado el pasado mes de noviembre por Onda Cero La Bañeza cayó precisamente en manos del Club 45 por «su dinamización del medio rural». «Desde que hemos aparecido nosotros, ya no solamente es cocido y volverse a casa», bromea, aunque no le falta razón. Hasta la Universidad de León ha firmado un convenio con ellos, permitiendo al enclave maragato abordar también el ámbito académico.
"Desde que hemos aparecido nosotros, ya no solamente es comer un cocido y volverse a casa"
Sobre el futuro del espacio, Alex Cooper es optimista. «Si en seis meses se ha notado tanto nuestra presencia, ¡lo que podríamos hacer con un empujón más desde la Diputación, la Consejería de Turismo o el Ministerio de Cultura!», presiente: «Son ayudas o complicidades que todavía no se han establecido al cien por cien, pero ahí está la posibilidad». Y es que la fundación tiene la pretensión de «generar nuevas necesidades, que aparezcan más locales de turismo rural o tiendas de la zona que tuviera el pueblo y ahora no tiene, que haya más locales de restauración y más conexiones entre individuos». «Queremos que la gente venga aquí, pero que luego vaya a Luyego, a Rabanal o a otro sitio», asegura.
Aun así, lo que Cooper tiene claro es que «lo que mejor funciona es el factor sorpresa». «La gente pensaba que qué pintaba en mitad de un pueblecito de menos de cien habitantes un museo del pop; un sitio que, por sus características, podría estar en cualquier ciudad del mundo», concluye: «Cuando vienen lo disfrutan... Es un contraste que funciona genial y que genera una complicidad absoluta con el visitante». Y de sus palabras se puede presumir que la única forma de entender la Fundación Club 45 es acercándose a visitarla.