– La verdad es que se ha movido mucho más en el ámbito internacional que sus predecesores en el cargo. En su opinión, ¿qué le ha aportado esa experiencia internacional a su actividad en España en centros igualmente de prestigio como el Guggenheim de Bilbao o el C3A en Córdoba?
– Bueno, la trayectoria de cada persona es única, individual e intransferible. Por cuestiones de qué es lo que quería hacer con mi trayectoria profesional y un poco producto del azar, que también cuenta, sí que he podido trabajar en instituciones fuera de España. De todas formas, sí que es cierto que no hay tantos perfiles parecidos al mío en este país, personas que hayan tenido la oportunidad de trabajar en instituciones de peso fuera de España. Ten en cuenta que lo que caracteriza al arte contemporáneo es el trasvase y las transferencias que existen entre distintos países y de alguna forma las fronteras se borran, para bien o para mal, cómo los lenguajes artísticos viajan, cómo las instituciones se comunican, que es algo positivo pero también negativo porque el mundo del arte contemporáneo, tal y como está organizado hoy día, es absolutamente insostenible. Un universo que digamos tiene una serie de lugares de encuentro en distintas bienales y ferias de arte y se mueve de una manera que hoy día yo creo que se está empezando a cuestionar. En este sentido la experiencia mía digamos que refleja un poco cómo funcionan las cosas en el mundo del arte. El funcionamiento en las instituciones está homologado, da igual que estemos ahora en Musac, da igual que estemos en Nueva York, porque los protocolos de trabajo son similares. Yo creo que lo que puedo aportar a las instituciones de nuevo es una visión que va más allá de las fronteras, una visión que abarca todos los continentes. He comisariado y he trabajado en Asia, en América, en Europa, pero también no he descuidado la parte española, porque he vivido cinco años en Bilbao, he trabajado en Córboba y en Canarias. Tengo una visión amplia de lo que son las instituciones en España y además de trabajar en algunas de ellas he podido colaborar con muchas más. En distintos periodos de mi trayectoria profesional he tenido el honor de colaborar con el Musac. Recuerdo la primera vez que vine como coordinador de la retrospectiva de Sharin Neshat. Aquel fue un momento fulgurante del Musac. Aquí me encontré a muchos de los artistas más influyentes de esa época. Es un momento que no volverá, un momento muy excepcional propiciado por una serie de factores que no solo afectaron al mundo del arte sino que afectaron en general a cómo se movían las cosas en España a nivel económico. También he vivido otros momentos del Musac donde ya no había estos grandes presupuestos, pero donde se hicieron proyectos muy serios y con los que pudimos colaborar desde Córdoba, como la exposición ‘Constelacion’, que trataba toda la cuestión de la poesía visual, o la retrospectiva de Ana Prada, una artista de origen castellano y leonés, con un proyecto que iniciamos en Córdoba y que llevó varios años desarrollar, el cual incluía tanto producción nueva como una visión retrospectiva sobre su trabajo. Una exposición que pude co-comisariar, aunque me quedó la pena por el Covid y por las retricciones de movilidad de no haber podido acudir a su montaje y a la inauguración aquí en el Musac.


– Comparto el punto de vista de que es una colección muy especializada y eso es evidente para cualquier historiador, comisario o conservador. Que haya que llenar huecos, quizás sea una aproximación posible a cómo abordar la colección, pero lo cierto es que esos huecos son enormes. No estamos ante una colección enciclopédica de ninguna manera, ni se intentó que así lo fuera. Yo creo que la colección tiene que mirar de manera fundamental hacia el futuro. Los presupuestos de adquisición de obra nueva durante la última década han sido modestos y desde luego no han permitido continuar con la línea que se marcó en un inicio. Creo que es un punto de reflexión importante y para esto yo creo que el desarrollo de un plan estratégico de colección donde se marquen las líneas de trabajo básicas en desarrollar este tipo de clúster es fundamental. Sin este plan pienso que la colección no va a lograr articularse de alguna forma de cara al futuro.
– En ocasiones el arte o la cultura se aprovecha de esa falta de recursos, por decirlo de alguna manera. El Musac cuando empezó contaba con un grandísimo presupuesto, se podían hacer muchísimas adquisiciones, se compraba muchísima obra. Con la crisis el presupuesto ha sido mucho más modesto y el Musac se ha visto obligado a recurrir a su propia colección, que ha podido verse en mayor medida gracias a esta circunstancia. Con esto quiero decir que también hay que ver el lado positivo de esta mayor limitación del presupuesto.
– El presupuesto de la última década para compras ha sido modesto, sobre todo teniendo en cuenta las transformaciones que ha habido en el mercado del arte durante los últimos diez, veinte años, con un aporte de dinero inmenso y donde cualquier artista vende un cuadro por millones de dólares. Yo creo que el patrimonio ya está y va a continuar evidentemente incrementándose. No vamos a poder trabajar en estas otras líneas del pasado, pero yo creo que la colección tiene que mirar hacia el futuro. Siempre hay una tensión inherente al propio hecho de coleccionar, que es la tensión entre la preservación, el deber de preservar las obras de arte que forman parte de la colección de cara a las generaciones futuras, y el deber también de investigar y exponer la colección. Yo creo que entre esta tensión está la resolución y la conversación que se genera dentro de una colección. Yo creo que estas son las cuestiones que hay que analizar.
– Cuando el día de su presentación utilizó el término ‘resetear’, ¿se refería a dejar el Musac en sus valores iniciales? Teniendo en cuenta que los tiempos han cambiado y que ya no se da ese periodo de bonanza de los inicios del museo, ¿a qué punto anterior debe llegar ese reseteo al que aludía?
– Quizás no volveré a utilizar ese término y si lo hago será matizándolo mucho más, entre comillas. Cuando digo resetear no me refiero a borrar la historia del museo, eso no. A lo que me refiero es a que hay que pensar cuáles son las funciones de las instituciones culturales hoy día. Me refiero a eso. Pero también creo que hay una serie de modelos definidos a lo largo de la historia del museo de arte moderno y pienso que también tenemos que mirar hacia esos valores pero desde el presente. No se trata por supuesto de irnos casi un siglo atrás y tratar de imitar esos modos o esas formas de pensar, pero sí quizás volver a trabajar con una serie de usos, de funciones que de alguna forma se han podido perder.
– El feminismo, los conflictos raciales, el cambio climático son algunos de los temas que pretende incorporar a las futuras exposiciones del Musac. ¿De qué manera a través del arte se puede conectar con esas realidades?
– Esta conexión surge de una forma natural. La conversación del arte contemporáneo tiene que ver con todo lo que nos rodea y con todo lo que sucede al ser humano, al planeta y al universo en el que estamos. Por eso las conversaciones sobre el feminismo o sobre el cambio climático son algunas de las conversaciones que vamos a tratar, pero desde el momento en que uno está trabajando con el arte contemporáneo va a estar en todo este tipo de conversaciones. También hay una idea que me interesa especialmente y es la revisión de la modernidad. Yo creo que también estamos en un momento de crítica de la posmodernidad, de puesta en revisión de los valores de la posmodernidad, las ideas que dan origen a la posmodernidad, y yo creo que el Musac tiene que estar también en ese tipo de conversación. Qué fue de la recepción tardía de la modernidad y cómo va a continuar la modernidad hacia el futuro y si digamos va a sustituir de alguna forma los valores de la posmodernidad. Yo no tengo esas respuestas, pero creo que es una de las conversaciones de mayor potencia que están sucediendo ahora mismo en el arte contemporáneo.

– Yo creo que el Musac no puede olvidar que es una institución de referencia a nivel nacional y aspiramos también a serlo a nivel internacional. Yo creo que son unos valores que no se pueden dejar decaer. Pero dicho esto pienso que existe espacio para colaboraciones a muchos niveles y trabajar con las instituciones culturales del entorno del territorio cercano es un valor que es relevante para nosotros. Pero yo creo que todo tiene que estar en un equilibrio. Lo cierto es que el Musac es la institución dentro de la región encargada del arte contemporáneo pero también es un valor importante para el museo el poner a disponibilidad del público la colección y que se pueda ver más allá a través de un proyecto que ya existe y que se ha animado mucho desde esta casa, que es el Musac Off, y que sea posible por parte del público ver la colección, por ejemplo.
– ¿Qué importancia le da a las actividades educativas y culturales que desde hace años se vienen realizando en el Musac y que no guardan una estrecha relación con las exposiciones?
– Esta es una pregunta que de alguna forma han tratado de responder los museos durante las últimas décadas y que en cierto modo ya se ha respondido. El peso de los programas públicos en las programaciones de los museos es grande y va a continuar siendo grande porque atiendes de esta forma a otras colectividades, a grupos muy específicos. También facilitas que personas que normalmente no vendrían al museo vengan y también vean las exposiciones. Yo creo que los programas públicos son componentes necesarios de la institución y de alguna forma se retroalimentan también con ellos las exposiciones. Sí que van a continuar siendo parte del eje central de la programación pero porque no puede ser de otra forma. No creo que haya ninguna institución museística en España que vaya en una dirección diferente.
– No sé si su gestión es más personalista o si le gusta rodearse de un buen equipo humano, como ha venido demostrando ser el equipo del Musac.
– Si fuera personalista no llevaría más de 20 años trabajando en instituciones. Yo creo en el poder de las instituciones públicas, el poder de lo público, el poder de las instituciones culturales, públicas o no, y el poder de la cultura. Y esto no se entiende sin equipos humanos profesionales, formados, preparados, que aporten ideas y que cada uno aporte su saber especializado. La suerte del Musac es que tiene un equipo rodado. Muchos de los compañeros y compañeras trabajan en la institución desde antes incluso de su apertura y es un equipo que tiene un conocimiento íntimo con las cuestiones relativas al museo. Es uno de los principales activos de la institución.
– A nivel personal, ¿qué supone tener que vivir los próximos cuatro u ocho años en una ciudad como León?
– Espero ganar en calidad de vida. Además es una ciudad muy atractiva y muy cercana a la naturaleza, que es algo que a nivel personal me motiva mucho.