En los periódicos de ahora hace cinco años iba irrumpiendo una expresión terrible, que causaba mucho temor: El Covid-19. Primero ‘andaba’ por China pero pronto llegó a nuestras vidas y aunque todo el mundo se resistía no hubo más remedio que vaciar las calles, quedarse en casa... apretar el botón del pánico.
Se sucedían las noticias. De todos los colores, las muertes también. Otras muchas de ella claramente solidarias y una expresión que se repetía, cargada de esperanza: «Saldremos más fuertes y mejores, vendrá una sociedad mucho mejor y más solidaria». Eso se decía...
Engracia, de Las Salas, con 89 años, pensó que «toda la vida de Dios se ayudó cuando hubo necesidad» y bajó del desván la vieja máquina Singer de coser y se puso a hacer mascarillas, para quien las necesitara.
Paco Álvarez Baldor, veterinario de los de antes, de andar por las cuadras, fue uno de los primeros enfermos que pasó semanas encerrado en la UVI, «me vi muerto», y al salir quiso ofrecer su testimonio «para que la gente se de cuenta de que no es una broma, que es muy duro, que hagan caso de las recomendaciones... y también necesito contar el maravilloso comportamiento de los sanitarios del hospital de León». La misma idea que llevó a la joven arquitecta de Montrondo, Leticia Santos, al salir de una situación calcada a la de Paco Álvarez, a escribir una carta abierta: «La incertidumbre es tal que el miedo se apodera de ti . Tener que pasar esta enfermedad sola, sin contacto alguno, y con la única esperanza de que al día siguiente sientas un poco menos el dolor es muy duro. Nadie sabe nada, los médicos no son capaces de decirme si eso es normal», decía en uno de los párrafos.
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Rubén, un joven fotógrafo de Prioro, se da cuenta de que es de los pocos jóvenes del pueblo y se dedica, cada día, a ir a visitar a la gente mayor, «a preguntarles qué necesitan e ir a buscárselo, llevarlos al médico... crea el Grupo de Ayuda Solidaria Vecinal y graba un vídeo que acaba con la misma expresión: «Saldremos con bien de esta crisis, en una sociedad mejor».
Adri Ferreras, luchador de 10 años (entonces) con el apodo de Adri Terremoto, tira de su otra pasión, la dulzaina, y cada día a las ocho de la tarde anima a todos sus vecinos de Gradefes interpretando el ‘Resistiré’, muchos días acompañado de su pequeño hermano Leo al tambor.
Y muchos casos más... restaurantes que hacen comidas para ancianos, vendedores ambulantes que regalan fruta, camioneros...
¿Qué ha sido de ellos? ¿Qué ha ocurrido en estos cinco años? ¿Les ha cambiado la vida?
Por desgracia, hay un triste denominador común:nadie da por bueno aquello de que «saldremos más fuertes, mejores, más unidos y solidarios».
Todos mostraban entonces la convicción de que «saldremos más fuertes y mejores»; todos reconocen la decepción de que no ha sido así, «hay gente que ni se acuerda de que hubo Covid»
ARubén (ahora Rubén Earth como fotógrafo) sí le cambió la vida o, mejor, decidió él (y su pareja) cambiarla:«Al acabar el Covid decidimos que queríamos vivir y llevamos tres años viajando. Hemos recorrido Asia Central, Noruega y ahora América, hasta la Tierra del Fuego, hoy (sábado) estamos en Perú y vamos a pasar a Chile». Cree que el cambio es producto de haber vivido «una situación crítica , límite, con la muerte presente;pero no solo nosotros, toda la sociedad. Una situación así aviva lo que ya éramos de forma visceral, afloró el carácter de cada cual y quien era solidario se puede sentir supersolidario y el que no... peor».
- ¿Tú eras solidario?
- Lo soy. En nuestros viajes no pasamos de largo ante nada ni ante nadie, ayudamos donde haga falta, incluso animales a los que hemos salvado.
- ¿Los malos sentimientos?
- También estaban ahí. Al margen de los casos famosos, de la tele, yo he conocido a gente sin escrúpulos, buscando mascarillas en China para venderlas mucho más caras. Hay de todo, lo mismo que a nosotros nos cambió la vida hay mucha gente que ni recuerda que hubo una pandemia.
- ¿Aquello de que saldremos más fuertes, mejores, que tu mismo decías?
- Olvídalo.
Muy similar es la respuesta de Francisco Álvarez Baldor, a la misma pregunta: «Nos hemos olvidado. Ni mejores, ni más fuertes, ni más solidarios».
Paco ‘el veterinario’ para muchísimos leoneses sufrió secuelas del Covid, «entre otros el uso de córticos me generó diabetes; pero como entonces hablé del equipo médico ahora lo hago del doctor que me hace el seguimiento, Isidoro Cano, un tipo maravilloso, siempre dispuesto y atento». También insiste en otra idea que manifestaba entonces y a la que no se hizo caso y cree que fue un error: «Lo dije y lo mantengo; reclamé que se nos hubiera tenido más en cuenta a los veterinarios y sigo pensando lo mismo».
Paco Á. Baldor y Leticia Santos sufrieron y sufren las secuelas del Covid, por ello lamentan que «mucha gente ni siquiera se acuerda de aquello»; Engracia insiste en que «hay que ayudar»
También graves secuelas padeció, y algunas las sigue padeciendo, Leticia Santos, la joven arquitecta afincada ahora en Madrid que, explica, «claro que me cambió la vida, tanto que todavía sigo con problemas, más llevaderos, que no me impiden hacer vida casi normal pero ahí están, de olfato, sueño... pero sobre todo me cambió mi percepción de la solidaridad, llevaba muy mal que la gente no respetara las normas, que jugáramos con la vida de los demás. Por supuesto, la percepción de muchas cosas es absolutamente diferente».
- ¿Y salimos más fuertes, mejores?
- Ya ves lo que hay, cómo estamos; lo que ocurre es que a mi ya me decepcionaba la realidad de entonces, como te decía, me parecía insolidaria.
Engracia, ahora con 95 espléndidos años, se muestra muy satisfecha con la hecho entonces, fiel a su idea de que «hay que ayudar. Ni sé las mascarillas que haría, todas las que pude. Y lo volvería a hacer, las veces que fuera necesario».
Por ello, muestra su pesar por la situación que vivimos en la actualidad y se hace una pregunta que tiene toda la lógica del mundo: «¿Cómo puede ser que nos estemos tirando los trastos a la cabeza más que nunca; ¿qué nos ha pasado?, entonces todos querían ayudar».
Que alguien le responda.
O que se lo expliquen a Adri, siempre dispuesto a dar lo mejor que tiene: alegría, música y en aquellos tiempos esperanza. «Yo salí a tocar hasta que mi padre dijo que ya no se salía a las ventanas a las ocho, que aquello había pasado». Y, por suerte, sí vivió una cara positiva: «A través de las redes conectó conmigo mucha gente, como era casi un niño, me mandaban partituras. Hice muchos amigos, algunos aún los mantengo».
Nada puede endulzar los recuerdos de María Jesús Andrés que perdió a su madre en lo peor de la pandemia «y ni la pude despedir; somos cinco hermanos y no dejaron entrar más que a dos al tanatorio y a la incineración. Tampoco pude estar con ella en la enfermedad, me ha quedado una cosa en el corazón para toda la vida». Y el mismo dolor de todos: «¿Para qué ha servido? Cuando veo ahora a esos que se han hecho ricos con las mascarillas... me llevan los demonios. Si hubieran visto lo de mi madre».