Vuelve el fantasma del teatro Emperador a agitarse y seguirá apareciéndosenos mientras le quede a alguien algún buen recuerdo de su esplendor anterior. Era mucho más que un teatro o un cine, todo él era un pasaje a los sueños. Ya había sido diseñado a la antigua y sorprende comprobar que tan sólo tiene poco más de setenta años. Su arquitectura interior y su decoración eran un homenaje al deseo de parar el tiempo, a la ilusión de que todo dure para siempre mientras se vuelva a abrir el telón o a encender el proyector sobre la pantalla.

Es muy significativo que la última película que se viera en el teatro Emperador antes de ser cerrado, hace dieciocho años, fuera ‘Cinema Paradiso’, lo señala acertadamente un redactor de este periódico cada vez que escribe sobre las sucesivas noticias de su posible reapertura. La obra de Giuseppe Tornatore, es, precisamente, la historia de una sala de cine abandonada que está a punto de ser derribada. El protagonista es un director de películas que ha triunfado en Roma sin volver, durante tres décadas, a su humilde pueblo de Sicilia en el que nació su vocación de pequeño viendo al cura censurar los besos de las películas a golpe de campana. El niño, Totó, fascinado por el fenómeno cinematográfico, insiste en entrar en el cuarto de proyección donde se obra el milagro y se hace amigo del encargado, Alfredo, de quien aprende el oficio y del que acaba siendo prácticamente un hijo. Se ve en el largometraje lo que supusieron para algunas generaciones las salas de cine y cómo toda la sociedad se reunía en torno a las películas, cada uno como era: los analfabetos y los cultos, los ricos y los pobres, los niños, los jóvenes y los viejos, el que iba a imaginar y el que sólo iba a dormir, todo el mundo.

La noche de la clausura definitiva del Emperador, el empresario, que había escogido por indicación de Gerardo Iglesias esta película para el último pase, se despidió del público lamentando que no podía competir con los nuevos multicines y entristecido por que no se lo quedase ninguna institución. Tuvo que ser emocionante ver en aquella pantalla la historia del ‘Cinema Paradiso’, su vida y su desaparición, sabiendo que al Emperador le ocurriría lo mismo al día siguiente.
El protagonista de ‘Cinema Paradiso’ es alguien que regresa a su propio pasado como espectador de una magia imposible de volver a vivir sino como un recuerdo. Es muy probable que los que esperamos que se reabra el viejo teatro lo que hacemos es añorar, en realidad, nuestro propio pasado, desear que se materialicen nuestros recuerdos y que el tiempo regrese. Si llega alguna vez a reabrirse posiblemente nos invada el desencanto al ver que no será el de antes, que lo ido no puede volver sino como un recuerdo, o transformado en otra cosa, como el conmovedor regalo póstumo que Alfredo hace a Totó en la magistral escena final de ‘Cinema Paradiso’: una película hecha con todos los besos censurados.
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