Clarines bélicos suenan en Astorga y Villafranca del Bierzo

José Cabañas, gran estudioso de la guerra civil en León, ofrece la tercera entrega de la serie dedicada a recordar los primeros días del golpe militar a través del relato de dos izquierdistas represaliados: Luis Gamonal y Progreso Díez

José Cabañas
17/07/2024
 Actualizado a 17/07/2024
Manifestación de Falange por las calles de Villafranca del Bierzo en 1936;tras la banda de música desfile la Sección Femenina. | ARCHIVO JOSÉ CABAÑAS
Manifestación de Falange por las calles de Villafranca del Bierzo en 1936;tras la banda de música desfile la Sección Femenina. | ARCHIVO JOSÉ CABAÑAS

Al amanecer del día 22 [en la tarde del 20] se sublevan las fuerzas de Astorga, adueñándose de la ciudad.


La sublevación de las fuerzas del Cuartel de Astorga, coaccionadas por la Guardia civil, tuvo lugar la noche del 21 al 22 [la tarde del 20], adueñándose fácilmente de la población, sin apenas hallar resistencia por parte de los obreros.


El día 20, con motivo del paso de una columna asturiana [por la mañana, de regreso a su tierra desde Benavente], ya se produjeron algunos incidentes, cruzándose disparos entre los fas-cistas ocultos en sus casas, que agredieron a la columna, y ésta que hizo algunas descargas, no contestadas por los traidores emboscados, ni por la fuerza armada, que temía enfrentarse con aquella, quedando la calma restablecida, mientras duró el temor a las represalias que pudieran tomar las Milicias del Pueblo. Una vez tuvieron noticias del regreso de las columnas asturianas a sus puntos de partida, desvanecióse éste por saber que luchaban frente a un proletariado desor-ganizado y poco avezado a la lucha y además, indefenso, lo que los envalentonó ostensiblemen-te, provocando sin recato la tarde del día 21 [20] y efectuando numerosas detenciones de ele-mentos que sabían antifascistas, aduciendo siempre que estaban al servicio de la República y dispuestos a hacer respetar sus leyes por encima de todo.


El fácil triunfo obtenido en Astorga se debe, entre otras cosas, a espíritu clerical aún alimentado por los llamados republicanos desde el 14 de abril de 1931 hasta el 18 de julio de 1936, y al poco celo demostrado por el proletariado de la villa para organizarse y superarse. De haber existido Sindicatos sólidamente estructurados, con honda raigambre en el alma popular, otra resistencia hubiera hallado el fascismo invasor, y Astorga no se vería hollada por sus pezuñas sangrientas de bestia apocalíptica.


La noche del 22 al 23 [20 al 21, según el desfase en las fechas del autor], en el Cuartel, se consumaron varios asesinatos, siendo víctimas los que más valían, de entre los hijos del pueblo. Las constantes instigaciones de curas y frailes ocasionaron una verdadera racha de persecuciones y crímenes por parte de los falangistas y la Guardia civil.


Astorga, de hecho, pertenecía al fascismo, predominando en ella el espíritu frailuno e inquisitorial de la Edad Media, apenas atenuado por los aires renovadores de los idealistas a ella arribados en los últimos tiempos, que comenzaban a elevar el concepto de la dignidad humana sobre todas las cosas, creando un templo a la cultura en aquel ambiente mefítico.


Villafranca del Bierzo.- La llegada de las fuerzas sublevadas. Falangistas a granel.- Cacabelos y el primer incidente. Toral de los Vados.


El día 18 habían sonado los clarines bélicos en casi toda España, invitando a la guerra. Radio Madrid no cesó de comunicar durante toda la noche, hablando del movimiento que había estallado en Marruecos, Sevilla, Valladolid, Burgos y los pequeños incidentes registrados en el Cuartel de la Montaña de Madrid, etc., restando importancia a la sublevación, por tratarse de focos aislados, fáciles de abatir por carecer de conexión.


Por otra parte, Radio-Sevilla, ya en poder de los facciosos, notificaba sus crecientes éxitos y decía que luchaban en las calles de Madrid y que el Cuartel de la Montaña estaba en su poder, que el Gobierno Azaña había dimitido, y que la capital de España no tardaría en rendirse, pues marchaban sobre ella grandes contingentes de tropas salidas de Burgos y Valladolid, y que ya tenían la mitad de las provincias en su poder, dando por ganado el movimiento desde aquel momento.


El día 19 llegó la prensa de Madrid con gran dificultad a la provincia, la última que de la capital llegó a Villafranca; cesaron de circular los trenes ese día, patentizando la magnitud del movimiento, lo que sorprendió al pueblo, que no acertaba a salir del estupor por lo inesperado del hecho, ya que si bien era cierto que se hablaba de una próxima sublevación militar, nadie creía que en aquellos momentos se produjera, a pesar de saber que los reaccionarios facciosos habían recibido armas y dinero en abundancia del exterior, apoyo prestado desinteresadamente por Italia y Alemania por razones de la propia expansión geográfica e ideal para tener un punto de apoyo en el extremo occidental de Europa que cohibiera los movimientos de sus adversarios políticos. ¡Y allí estaba, fresco, recién iniciado!


Heraldo de Madrid insinuaba veladamente la sublevación del Cuartel de la Montaña, re-señando algunos focos en provincias y el de Marruecos. En líneas generales restaba importancia al movimiento faccioso y creía sería fácil abatirlo; lo que corroboraba Radio-Madrid, no obstante aconsejar el estar preparados para cualquier eventualidad. Más el proletariado atisbaba desde la atalaya de sus dolores e inquietudes, sacudida su modorra por los mensajes radiados por los Secretarios Nacionales de la UGT y la CNT anunciando la criminal sublevación.


Pasadas las horas y cuando ya la sublevación había adquirido gran volumen, el Gobierno radió la orden de desarmar todos los elementos desafectos a la República. Noticia que causó profundo malestar entre el proletariado que esperaba, con gran ansiedad, en teléfonos y radios, en masas compactas.

 

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Cabañas aporta para estos testimonios  los documentos de ‘Prometeo’ que publicó la revista Timón.

A Villafranca llegaron varias Comisiones de los pueblos del Bierzo, entre ellas una del Sin-dicato Único de Mineros de Fabero, integrada por los compañeros Modino [Santiago] y Rueda [Pérez, Jacinto], y otra del Sindicato de los Obreros del Cemento, de Toral de los Vados, con la misión de tenerlos al corriente de cuanto hubiera de cierto sobre el movimiento faccioso, estando en constante comunicación con ellos. Al mismo tiempo fueron llegando grupos de hombres de todas las edades, ofreciéndose para luchar en defensa de la amenazada República y para la conquista de un mayor bienestar para todos, pidiendo armas al alcalde Gabelas [Álvarez, Antonio], permaneciendo día y noche en el Ayuntamiento, por lo que pudiera suceder. Entre esas Comisiones merecen citarse por su actividad las de Toral de los Vados, Corullón y Fabero, repre-sentantes de gran número de compañeros. La de Fabero representaba el Sindicato confederal más numeroso de la provincia y tenía la experiencia vivida en [las revueltas de] diciembre de 1933 y octubre de 1934.


Todas las Comisiones traían la misión de proceder a extirpar el fascismo por los medios que fuera y estar en contacto con sus respectivos organismos para lo que fuere menester. Como medida de precaución elemental, decidieron permanecer en el Ayuntamiento, en contacto con el alcalde señor Gabelas, y manifestaron, la de Fabero, su propósito de desarmar a la Guardia civil, allí concentrada de todos los cuarteles de los alrededores, que sumaban unos 45 números, calculando sensatamente que las armas en manos del pueblo antifascista servirían para defender la República y sus libertades, y que en manos de la Guardia civil servirían para esclavizarlo y asesi-narlo, como habían servido hasta aquella fecha, afianzando los privilegios de una burguesía avara y criminal . (Determinación que partía de un hecho gravísimo, además de la experiencia histórica de anteriores movimientos: Algunas Comisiones hospedáronse en la misma fonda en que lo estaban los guardias civiles, apreciando, a través de conversaciones y sondeos, que espiritualmente estaban con los facciosos).


Mucho fue lo que se insistió para que el alcalde procediese a desarmar a la Guardia civil, sin conseguir nada de su cerril intransigencia, que trataba de demostrar, a los comisionados, que los guardias estaban con la República y con el pueblo. Como la situación se agravaba por mo-mentos y densos grupos de hombres circulaban por la villa desarmados, se emplazó de nuevo al alcalde para que ordenara el desarme de la Guardia civil y evitase días de tragedia. Para calmar un poco los excitados ánimos, llamó al Ayuntamiento al comandante de la fuerza, el que se per-sonó inmediatamente, haciendo solemne juramento de fidelidad a la República y al pueblo, manifestando: «¡Yo estoy a su disposición y a la del pueblo y al servicio de la República!». 


José Cabañas (www.jiminiegos36.com) es autor de ‘Cuando de rompió el mundo. El asalto a la República en la provincia de León. Con una primera parte en 2022 y la segunda en 2023 (Ed. Lobo Sapiens)
 

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