El legado de Pepe Muñiz

La Catedral de León recibió un ‘espantadiablos’ y más de un centenar de planos, dibujos y láminas de gran valor artístico y arquitectónico relacionados con la restauración del siglo XIX

Daniel Francisco
09/02/2023
 Actualizado a 09/02/2023
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La Sala Capitular de la Catedral de León fue testigo del acto de recepción por parte del Cabildo catedralicio del legado coleccionista del legado que José María Muñiz Sánchez, ‘Pepe Muñiz’, ha hecho en favor de la Catedral de León.

El obispo de León, Luis Ángel de las Heras recibió como representante del primer templo diocesano más de un centenar de planos, dibujos y láminas coloreadas del siglo XIX, relacionadas la mayoría con la restauración de la Catedral y de sus vidrieras y un curioso ‘espantadiablos’ datado en el siglo XVII. El legado tiene «un extraordinario valor para los investigadores y sirve para que otros puedan conocer, e investigar algo que a lo mejor todavía no hemos podido descubrir» y «es un buen día para la Catedral y para León porque s pone en valor algo que es importante para la investigación y para que cunda el ejemplo de Pepe Muñiz». Señaló el obispo de León.

Un acto que también contó con la presencia de Pepe Muñiz que quiso poner en valor su labor como coleccionista. «Coleccionar no es apego a las cosas, es preservar lo que otros han usado en otras épocas, es amor a la vida, a la vida de las cosas» señaló Pepe.

Una entrega que viene motivada por su amistad con el director del Museo Catedralicio y Diocesano Máximo Gómez Rascón, quién se fijó en la figura del ‘espantadiablos’, que se encontraba en un ataúd de niño realizado con cajas de frutas en el que apareció la figura que Máximo consideró conveniente que estuviera en la Catedral.

El’ espantadiablos’ es una pieza que por sus características formales han datado en el siglo XVII sin descartar que fuera realizada en el XVIII. Ya que que se mueve en los parámetros del dramatismo barroco con la expresividad en su rostro y en su anatomía como características principales. Una obra técnicamente muy bien ejecutada restaurada por Raquel López Santos y policromada al óleo y casi sin preparación.

Destacan los muchos detalles en los ojos de vidrio, en los dientes, en la lengua, lo que la convierte una pieza de primer nivel de carácter apotropaico por la gestualidad de su articulación, es decir, que se utilizó en determinados actos o rituales para alejar el mal o protegerse de él. Se cree que puede proceder de un monasterio del siglo XVI y pudo formar parte de ritos presentes en el monacato femenino. En esa visita a sus desvanes también aparecieron los planos y dibujos procedentes de la gran restauración de la segunda mitad del siglo XIX llegados de un depósito que resultaron tener un gran valor arquitectónico e histórico.

Unos planos de vidrieras que según el arquitecto Jorge Diez García Olaya «son muy importantes para saber que vidrios se cambiaron y cuáles no», así como para conocer más detalles de como se llevo esa restauración en tiempos de los arquitectos Matías Laviña, Juan de Madrazo y Juan Bautista Lazo.
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