Javier Pérez recuerda que antes de lanzarse a esta fórmula que ha resultado muy efectiva probó a mandar el manuscrito de ‘Réquiem por Irina’ a varias editoriales, mostrándose algunas de ellas interesadas en la novela. «Esas editoriales pequeñas ya me indicaron que el libro estaba muy bien y que les interesaría publicarlo. Lo que pasa es que veía varias cosas que no me convencían, como el hecho de que la distribución solo la hacían a través de su página web, no tenían formato e-book y no podía venderse en Amazon. Todos esos inconvenientes me tiraron para atrás y opté por la fórmula que antes te comenté», reconoce un autor que no responde al patrón del escritor que en su primera novela se decanta por contar sus propias experiencias vitales. La pregunta se impone. ¿Hay algo del pasado minero de Javier Pérez en ‘Réquiem por Irina’? «Sí hay ciertos pasajes en algunos párrafos que los he rescatado de mi infancia. Hay situaciones de algún personaje de la trama principal que los he rescatado del pasado porque al final son vivencias, son emociones que sabes que siempre trasladas a la novela. Los libros siempre tienen algo de los autores», sostiene el escritor lacianiego que desde hace algún tiempo reside en León y se muestra muy satisfecho de algunos mensajes que le hacen llegar sus lectores en el sentido de que consiguen empatizar fácilmente con los personajes de la novela y que las situaciones están tan bien descritas que al lector le ha resultado sencillo vivirlas en primera persona. «Esto me lleva a pensar que el boca a oreja ha hecho mucho, la verdad».

Javier Pérez reconoce que a la hora de adoptar el punto de vista de una niña de ocho años como hilo conductor de la trama le ha ayudado mucho la paternidad. «Ser padre te ayuda de alguna manera a ver lo que sienten los niños, cuáles son sus emociones y sus miedos, cómo sus mascotas o sus juguetes son amigos que actúan también como confidentes. En este aspecto me ha ayudado mucho ser padre y otra cosa que me ha ayudado también es tener imaginación. Algo que siempre cuento es que cuando abrió la primera biblioteca en Villablino había una señora muy amable detrás del mostrador a la que tenía aburrida porque leía tanto que llegó un momento en que me dio permiso para entrar en cuarto donde se guardaban los pocos libros que entonces había y coger aquellos que me interesaran. Siempre he sido un lector bastante voraz», reconoce Pérez Fernández, que justifica su ausencia en la Feria del Libro que se celebra actualmente en la capital leonesa por el hecho de ser un autor novel que no está arropado por una editorial capaz de colocar la publicación en las principales librerías. «Mi libro también se puede adquirir en librerías, pero siempre bajo demanda. La verdad es que vender libros no es tarea fácil. De ahí mi sorpresa por el éxito de ventas que está teniendo la novela. Hablando con algunos compañeros tuyos me dicen que he logrado vender más libros que algunos autores consagrados», destaca el lacianiego, que antes de probar fortuna con la novela adquirió cierta experiencia como autor de relatos breves, que reconoce es un buen campo de entrenamiento para un escritor y que además puede ser el origen de una futura novela. «De hecho este libro surge de un relato breve que había enviado a un concurso. Llegué a empatizar con la niña y el peluche, que adquiere un gran protagonismo dentro de la historia hasta el punto de que hay lectores que me comentan que tiene algún poder especial, aunque también hay otros que consideran que en realidad solo está en la imaginación de la pequeña», declara este ferviente admirador de Stephen King. «También me gusta la novela negra y de León mi paisano Luis Mateo Díez y Julio Llamazares».