Eva Zamora: "Llevamos a escena palabras del pasado que tienen que ver con el presente"

La compañía fundada y dirigida por Eva Zamora, Nao D’Amores, sube este miércoles a las tablas del Auditorio Ciudad de León la obra ‘El castillo de Lindabridis’ en una versión del texto del siglo XVII escrito por Calderón de la Barca

26/02/2025
 Actualizado a 26/02/2025
Los ocho intépretes pertenecientes a la compañía Nao D’Amores que esta tarde se suben a las tablas del Auditorio Ciudad de León. | SERGIO PARRA
Los ocho intépretes pertenecientes a la compañía Nao D’Amores que esta tarde se suben a las tablas del Auditorio Ciudad de León. | SERGIO PARRA

Coproducida por la Compañía Nacional de Teatro Clásico, ‘El castillo de Lindabridis’ es una obra escrita por Calderón de la Barca en la segunda mitad del siglo XVII. A cargo de la versión que este miércoles sube a las tablas del Auditorio leonés a ocho intépretes de Nao D’Amores está la fundadora de este grupo teatral, Eva Zamora, que, dado el rodaje de la puesta en escena, no estará presente en la ciudad. «El espectáculo se estrenó en enero del año pasado en el Teatro de la Comedia de Madrid, haciendo allí una temporada muy larga», explica: «Luego ya arranca la gira por España y no ha parado desde entonces».

Así, desde principios de 2024, Calderón se ha visto revitalizado gracias a sus versos en varios escenarios españoles. «Es un texto en el que el autor se inspira en una novela de caballerías renacentista», explica la directora de escena, Premio Nacional de Teato en 2023, sobre la publicación de Diego Ortúñez de Calahorra, ‘Espejo de príncipes y caballeros’, fechada en el siglo XVI, que sirviera de caldo de cultivo para la dramaturgia del autor madrileño: «Como toda buena novela de caballerías, está a su vez inspirada en un mundo anterior». La compañía de Zamora, especializada como está «en el prebarroco», se embarca con esta función en un viaje «interesante», que no pasa por salir de su ámbito, «pero sí por añadir una mirada a la óptica de Calderón desde el Barroco».

Y es que, a pesar de remontarse a varios siglos atrás, ‘El castillo de Lindabridis’ es una buena muestra de que los versos del poeta del Siglo de Oro no caducan por mucho tiempo que pase. «Esa siempre es la disyuntiva del teatro clásico, sobre todo en un país que en las últimas décadas ha hecho un esfuerzo muy grande por ponerse a la altura de Europa en el trabajo serio sobre los clásicos, pero donde el peso de la tradición decimonónica ha sido muy fuerte», opina Zamora: «Nos ha costado mucho ponernos al día en esta idea de que todo teatro, desde el momento en que se hace hoy y para gente de hoy, es puramente contemporáneo». 

A su modo de ver, resulta «un absoluto privilegio» trabajar con autores como Calderón, «con una profundidad filosófica innegable y con un saber hacer de carpintería teatral que consigue verdaderas joyas en diferentes géneros». La que este miércoles aterriza en la capital provincial es una función de teatro cortesano –«un género muy poco transitado», según resume la directora– que muestra una «de las grandes fiestas carnavalescas» y que, sin «perder profundidad», fue creada «como un divertimento totalmente asequible en este siglo XXI».

De sus palabras no es difícil extraer el término ‘atemporalidad’. «Yo creo que la atemporalidad no existe», rechaza ella: «El espectador escucha en esta obra unos versos muy concretos que forman parte de un contexto histórico y de un momento estético y literario muy concretos». Siempre pendientes de «no confundir la actualización estética con la estética de los clásicos», la realizadora asegura que su «trabajo como ponedores en escena desde la contemporaneidad tiene que ver con elegir qué es aquello que Calderón cuenta, qué tiene que ver con nosotros y qué puede tener una repercusión» en la realidad actual. «Somos ciudadanos del siglo XXI que ponemos en escena estas palabras del pasado, pero que tienen que ver con el espectador actual», apunta.

La directora y fundadora de Nao D’Amores, Eva Zamora. | SERGIO PARRA
La directora y fundadora de Nao D’Amores, Eva Zamora. | SERGIO PARRA

Uno de los elementos que más destacan de ‘El castillo de Lindabridis’ es la música que es fruto del trabajo de María Alejandra Saturno y Miguel Ángel López. Sobre escena, órgano, espineta, viola de gamba, chirimías, bajones, bajoncillos y flautas, entre otros, se convierten en «elementos de significación que articulan una idea». Todo en una amalgama escénica y acústica que suma más peso a la espalda de quienes se encuentran entre bambalinas, «sobre todo, en un trabajo que parte de la necesidad de entender muy bien el material» que sus responsables tienen entre las manos. Aun así, la libertad creadora no deja de formar parte de la escenografía, pues, como señala Zamora, «no es una cuestión de purismo, sino de que tenga que ver con nosotros»

«La música es un elemento reseñable, pero ya lo era en su propia época; no es un invento nuestro», apostilla sobre un tipo de teatro «muy vinculado con los orígenes de la ópera o de la zarzuela barroca», donde la melodía era también vehículo de comunicación: «Para nosotros es imprescindible  porque damos mucha importancia a todo lo sonoro; el propio verso de Calderón es música, se ciñe a estructuras rítmicas». La directora afirma que «todo tiene una lógica implacable» en una puesta en escena en la que «los músicos actúan, los actores cantan y todo el mundo baila». Todo –eso sí–, respetando el texto del autor original, aunque sin pretensiones propias del «teatro arqueológico». «Es un espectáculo documentado en todos los sentidos, pero está hecho desde una libertad que no pretende ser construcción de ningún tipo», aclara la realizadora. 

De la mano de Nao D’Amores, el Auditorio Ciudad de León abrirá el telón desde las 20:30 horas para continuar con la programación escénica de este semestre, que ya ha hecho subir a las tablas este año a Cayetana Guillén Cuervo como protagonista de ‘Pandataria’, la compañía Teatro Circus con ‘Sopla!’ y a Ahmed Younoussi en ‘14.4’. La de esta tarde es una obra llena de tintes propios de la fantasía, como si de realismo mágico se tratara. Una obra que relata la historia de la princesa que la bautiza, Lindabridis, que «para heredar el trono de Tartaria, deberá casarse con un caballero que pueda vencer a su hermano Meridián en un torneo» y, en esa «búsqueda del marido que mejor se ajuste a sus necesidades, viaja por el mundo en un castillo volador». Una obra a la que no le falta ningún ingrediente.

Eva Zamora, ducha en teatro renacentista, tiene claro que «el Renacimiento siempre se identifica con esa comunión de las artes, con la obra de arte total» y, por eso mismo, la pieza que versiona muestra «una progresión que tiene que ver con esa idea de globalidad de Calderón». Una perspectiva que «no es habitual sobre las tablas», acostumbradas a rugir al ritmo de interpretaciones demasiado serias sobre los clásicos; de intentos por «mostrar una idea más canónica». «Cuantos más elementos y cuanta más fantasía, mejor, pero siempre desde una perspectiva muy primitiva de la teatralidad», termina la directora: «Los leoneses no verán nada que tenga que ver con Inteligencia Artificial, proyecciones de vídeo ni reconstrucciones en 3D... Trabajamos con la teatralidad más clásica, más primitiva y más directa».

Eso es ‘El castillo de Lindabridis’: teatro primitivo sin dejar a un lado la contemporaneidad. Teatro contemporáneo que rezuma calderoniano sus muchas dosis de barroco y de clasicismo.

Lo más leído