[’Arte y poder en el mundo antiguo’ / UAM Ediciones Clásicas]
Esto es evidente para el poder terrenal. Por ejemplo, los faraones del Antiguo Egipto construían mastabas y luego pirámides para alcanzar la divinidad. La función del faraón como vencedor incansable frente al enemigo no quedaba limitada a su vida terrenal, equiparando la imagen real a la de los grandes dioses. ¡Se representa como un dios! Cumpliendo su papel de intermediario entre los súbditos y el orden divino.
Tiempo después, las polis griegas edificaban templos majestuosos -dóricos, jónicos y corintios- buscando la protección de los dioses del Olimpo. La polis ya está constituida hacia mediados del siglo VIII (a. C.) con diferentes modelos económicos y sociales desarrollados en Grecia (Altar de los Doce Dioses en el ágora, el altar de Apolo Pitico y, sobre todo, el templo de Zeus Olímpico). Frente a ellos, el Panteón se levanta como una imagen sólida y compacta que domina la ciudad de Atenas. Este monumento, recuerdo de las altas cotas artísticas que alcanzó la cultura griega del siglo V, es la expresión del pensamiento político y filosófico de la sociedad que lo produjo. Convertido en símbolo pasado y presente de la cultura occidental, la Acrópolis, tal como la conocemos, es fruto del primer sistema democrático y se levanta gracias al esfuerzo y a la voluntad política de un solo hombre: Pericles.
«Paradójicamente las obras de la Acrópolis representan la dimensión ‘tiránica’ de la democracia ateniense». Así lo testimonia Tucídides, cuando Atenas, según afirmó en la célebre ‘Oración fúnebre’, se convirtió en la escuela de Grecia. Pericles no reparó en gastos, y las obras llevadas a la práctica por Fidias, Ictino, Calicrates y Mnesicles, sin embargo, no se idearon para convertir al héroe de la Paz de Calias en «un dios»; aunque de facto sí supuso la supremacía ateniense en el Egeo. Pero será con el ambicioso proyecto político de Augusto, en arquitectura y urbanismo de Roma, donde mayormente se escenifique «la imagen del poder» –el Cesar como artífice de la Edad de Oro del Imperio Romano–, y el carácter dinástico de ese poder.


–Aunque Gaudí participó en su juventud del socialismo utópico –teniendo presente el contexto social del que parte–, contrario a toda imposición eclesiástica, lo hacía, en su opinión, por la actitud obsoleta de parte del clero, más que por su rechazo hacia los principios religiosos que seguían arraigados en su moral. Somos muchos quienes pensamos que esa transformación se produjo en Astorga, en 1893, cuando el obispo Juan B. Grau le acogía en las dependencias del Seminario, soportando una crisis existencial que al año siguiente le llevó a un ayuno austero, del cual salió fortalecido gracias a los buenos consejos del clérigo-doctor Josep Torras i Bages [ver artículo publicado en LNC: ‘Reflexiones sobre la estancia de Gaudí en Astorga’ (27/08/19)].
¿Fue entonces cuando su imaginación y talento se pusieron al servicio de la fe católica?
–El obispo de Astorga, doctor Juan Bautista Grau, tuvo un papel importante en la vida de Gaudí, en una amistad directa y prolongada entre 1887 y 1893, empezada hacia 1880 en el proyecto del altar para la capilla del Colegio Jesús-María de Tarragona.
Creo que el obispo Grau influyó en el fortalecimiento y desarrollo de su fe católica. El primer biógrafo de Gaudí, Josep F. Ràfols i Fontanals, escribió en las ediciones de 1928-29 que el obispo Grau «con su amistad, dio la puntilla a la trayectoria del período ‘dandy’ de Gaudí, para llevarle resueltamente –de una manera decisiva– hacia el único camino de salvación por el Tiempo y por la Eternidad. Es así, como el arquitecto se convierte en un creyente ejemplarísimo y propulsor de la liturgia, un genio de la luz mediterránea dispuesto a servir a Dios».
–Cuando una obra no es para la «imagen del poder, sino para el poder de las imágenes», la disposición del arquitecto va más allá del mero «arte por el arte». Dicho en otras palabras: quien proyectó la Sagrada Familia no lo hizo para satisfacer el alter ego de un falso dios, sino, como ofrenda al Dios Supremo. En este sentido: ¿cree que el Portal del Rosario (una pequeña joya arquitectónica que Antonio Gaudí terminó en 1897, con el objetivo de que quienes continuaran el proyecto tuvieran un ejemplo a seguir, con la escena la Virgen del Rosario, erguida con el niño en brazos, con Sto. Domingo de Guzmán y Sta. Catalina de Siena a cada lado) refleja el «poder de las imágenes»?
–El Portal del Rosario se encuentra en la intercesión del claustro con el Portal de la Fe de la fachada del Nacimiento. Efectivamente, el «poder de las imágenes» que contiene es para Gaudí, además de una propuesta de decoración interior, la importancia teológica de María a través de la arquitectura, la escultura, la decoración y la oración (el Ave María completo en latín).
Como dijo Benedicto XVI (en su homilía del 7/11/2020) en la Consagración de la Sagrada Familia: «…esto lo realizó Antoni Gaudí no con palabras sino con piedras, trazos, planos y cumbres». Gaudí expresa su gran religiosidad con la fuerza de la delicadeza del artista que es la belleza de las formas. «Y es que la belleza es la gran necesidad del hombre; es la raíz de la que brota el tronco de nuestra paz y los frutos de nuestra esperanza. La belleza es también reveladora de Dios porque, como Él, la obra bella es pura gratuidad, invita a la libertad y arranca del egoísmo».

–Gaudí sabe, conoce las circunstancias, las dificultades, de la vida de las personas que viven en Barcelona, ciudad en pleno desarrollo urbanístico, de cambios sociales: revolución industrial, escasez de viviendas, anarquía, explotación de personas, injusticias,… y coloca dos imágenes, a modo de resumen, como posibles tentaciones: a la mujer a través de una bolsa de dinero que le ofrece el demonio con forma de pez y cara humana, y al obrero a través de una bomba ‘Orsini’ que le ofrece el demonio con forma de reptil y cara humana.
Gaudí comprende, sabe de las dificultades que puede pasar una mujer y un hombre y se pregunta, nos pregunta: ¿son la prostitución y la violencia la solución a tus problemas? La decisión que toman la desconocemos; Gaudí piensa que en nuestra libertad decidiremos, él sólo nos propone, confiad en Nuestra Madre, pero tú, yo, debo tomar la decisión. Ambos, mujer y hombre miran a María…
Nota. En la jornada ‘Gaudí. Fuente de luz y esperanza’, del pasado 22 de abril, organizada por la Asociación Pro Beatificación de Antoni Gaudí, en colaboración con la Diócesis de León, FUNDOS y el Museo Casa Botines Gaudí, el arquitecto José Manuel Almuzara impartió una conferencia con el mismo nombre, en el Museo Diocesano de León.