Y cuando uno empezaba a conocer la literatura de las últimas décadas enseguida encontraba un bello poema dedicado a un bebé de ocho meses en el tiempo del hambre, ‘Las nanas de la cebolla’, que el poeta Miguel Hernández escribió a su hijo desde prisión al recibo de las cartas de su mujer en las que le decía que sólo tenían cebollas para alimentarse.

Si la alta cocina de los últimos años se sofisticó hasta asegurarnos que era auténtico arte de la imaginación y los sentidos la de este autor, de una manera paródica, como el arte de la historia del arte, incorpora una época. Si los platos de la nueva cocina son formalismo, abstracción, los que se pueden conocer y hasta probar en esta exposición son narrativos, figurativos, realistas, históricos. Luis Melón mete en estas obras el espíritu de un tiempo, la esencia de una época a través de su comida, o mejor dicho, de su hambre, revisitada con las técnicas culinarias de vanguardia, poniendo al desnudo la frivolidad de esta y lo real de aquella, hace nueva cocina con los relatos de nuestros abuelos.
En una de sus recetas de cocina artística Luis Melón recoge el relato del humorista Gila que aparece en sus memorias y en el que cuenta que la alimentación en el campo de trabajos forzados de Valsequillo, en el que estaba preso, era de tan mala calidad y escasa que un día cazaron a un pobre gato que tuvo la mala fortuna de pasar por allí y que, por la noche, al fuego de una pequeña hoguera lo cocinaron como pudieron, siendo esa una de sus mejores comidas durante su internamiento forzoso en dicho campo. Al cómico le dedica pues la pieza ‘Lenguas de gato para Miguel Gila’. Humor, cita, brutalidad, narración, historia, crítica, ironía y realismo.
Es posible que algunas obras de esta muestra resulten para algunos ofensivas o provocadoras, poco respetuosas para con un tiempo de sufrimiento, otros verán en ellas memoria u homenaje y hasta justicia poética. La guerra ha sido un fantasma de España, todavía hoy se vive en sus demasiado alargadas sombras. Tenemos que pensar lo de la novela aquella de Delibes, que son las guerras de nuestros antepasados y no las nuestras, que no debemos pelear en ellas sino escuchar sus relatos.