«Os insinuarán que todo lo que tenéis es por ser mujeres, pero paradójicamente os pondrán obstáculos por serlo». Son las palabras que la directora Isabel Coixet dedicó a sus compañeras de gremio durante la recepción del Premio Nacional de Cinematografía en 2020, catorce años después de fundar, junto con María Ripoll y Patricia Ferreira, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA) con el objetivo de «fomentar la presencia igualitaria de las mujeres cineastas y profesionales del sector audiovisual contribuyendo a una representación plural y diversa». Más de 1.300 trabajadoras españolas ya forman parte de la asociación, que hace poco más de una semana presentó su nueva delegación en Castilla y León. Entre sus asociadas no falta la presencia leonesa.
La realizadora y responsable de la agencia creativa Mil Ojos, Alicia Van Assche, es una de ellas. Natural de Madrid, lleva afincada en la comarca berciana desde hace dos décadas. Allí vive con su familia. «He creado equipo», ríe al otro lado del teléfono y no se refiere al ámbito profesional: «Tengo tres hijas». Su tiempo lo ocupa en dirigir la agencia de publicidad, a la que describe divertida como «un milagro». Con CIMA mantiene relación desde el arranque de la misma, aunque la poca conexión Madrid-Bierzo en aquel momento provocó una inevitable lejanía. «No podía hacer nada desde aquí», justifica. Fue en noviembre del año pasado cuando CIMA llamó a su puerta con la voz de Begoña Rodríguez, presidenta de la recién estrenada delegación. «Me sumé en noviembre, aunque de corazón hace bastante más», resume la realizadora.
"Uno de los grandes problemas que tenemos es que seguimos al cuidado familiar y eso ralentiza nuestro ascenso profesional"
Algo similar le ocurrió a la directora y productora, responsable de Bambara Zinema, Isabel Medarde, una veterana en el mundo del cine: las pantallas han servido de lienzo para sus cintas desde hace treinta años. Regresó a León en 2008. «La cuota era alta como para no tener contacto con la asociación», explica sobre el motivo de su baja. «Hace pocas semanas, Begoña me llamó sin conocerla y no me lo pensé», relata, ahora sí, sobre su alta.
Mientras tanto, la productora, guionista y creadora de la agencia Cuarenta y Acción, Beatriz Sánchez Morros, y la directora, productora y guionista leonesa afincada en Madrid, Patricia de Luna, se unieron a la asociación entre 2016 y 2018. Las cuatro representan a la provincia en CIMA Castilla y León; por lo menos, de momento. Y es que Assche revela que «en los últimos días ya se han sumado cinco o seis» nuevas integrantes.
Una de ellas es, precisamente, Patricia de Luna. La responsable de La Barraca de Cine se incorporó poco después del acto de presentación, al que no pudo acudir. «Tengo una hija y los desplazamientos son complicados, más entre semana», comenta sobre una cuestión que no pasa por alto. «Uno de los grandes problemas que tenemos las cineastas y el resto de mujeres trabajadoras es que seguimos al cuidado familiar y eso ralentiza mucho nuestro ascenso profesional», relata. Su cortometraje ‘Las piedras de Luna’, del año pasado, tiene como trama principal la concilicación familiar.

No es la única que ha convertido en fotogramas algunos de los conflictos que motivaron la creación de la asociación. En 2018, Isabel Medarde recibió la Beca de Creación Artística Contemporánea de la Fundación Castilla y León por su proyecto ‘La espiral maravillosa’, un intento audiovisual por «poner en valor la figura de las pioneras del cine» a través de la historia de Leocadia Cantalapiedra. La directora traslada ahora esas reivindicaciones al otro lado de la pantalla.
«En el festival de Aguilar de Campoo estuvimos invitadas tres chicas para hablar del papel de la mujer en el cine de Castilla y León», refleja Medarde: «Pudimos expresarnos y mostrar los problemas a los que nos enfrentamos, pero poniéndonos de acuerdo porque cada una éramos de una provincia y las necesidades no son las mismas». La directora considera que la creación de esta nueva delegación es una forma «de crear red» y una solución para «no tener que ir a Madrid si hay una compañera en Salamanca o en Zamora a quien puedas contratar».
Confiesa Medarde que, casi siempre, han sido hombres los que la han acompañado en las tareas de dirección. «Tener un espejo en el que mirarte, con el que compartir situaciones o la forma en que nos tratan a veces anima mucho», resuelve: «Para hacer cine necesitamos a un regimiento de personas y estamos muy solas a veces». Cuenta, además, que la comida posterior a la presentación de CIMA Castilla y León le resultó «emocionante». «Éramos nueve o diez y me encantó escuchar a todas mis compañeras; me pareció que generamos una conexión muy fuerte», asegura.
Van Assche fue otra de la que disfrutó de la cita. Tiene claro que el estreno de la asociación en la comunidad servirá para que las instituciones empiecen a reflexionar. «Las historias contadas sólo por hombres tienen una única visión y hace falta que las mujeres estén en guion, que estén en dirección», reclama: «Hace falta una visión femenina». A su modo de ver, el cine es un terreno especialmente árido para las mismas. «Se entiende que normalmente esta industria es más abierta por las historias que cuenta, pero no siempre es así», desmiente; «En los equipos directivos la presencia de mujeres no llega al cincuenta por ciento y, a nivel autonómico, me atrevería a decir que no llega al diez». Explica, además, que de la docena de productoras que trabajan en El Bierzo, ella es la única mujer socia de la empresa.
En sintonía con sus palabras, el informe de identificación de género de la última edición del Festival de San Sebastián revelaba que sólo el 33,94 por ciento de películas visionadas estuvieron dirigidas por mujeres, frente al 64,01 por ciento de cintas dirigidas por hombres. En las categorías de dirección, producción, guion, fotografía, música, montaje y sonido los porcentajes responden a esa misma tendencia y sólo en dirección de arte el número de mujeres es algo superior; del 39,01 frente al 28,54 por ciento de hombres.

Para Patricia de Luna «siguen predominando ciertos esteriotipos que tienen que ver con nuestro subconsciente». «Los roles de liderazgo se les ha atribuido a los hombres durante toda la vida», añade: «Todavía las mujeres tienen que intentarlo el doble o pelearse el doble dentro de un equipo». Por su parte, Medarde, que reivindica la apertura de camino de cineastas como Pilar Miró e Isabel Coixet, considera que «es importante coger el toro por los cuernos». «Tenemos que apoyarnos, no dejarnos vencer y superar las dificultades», sigue.
Los trabajos de dirección no son los únicos que, en ocasiones, se han escapado del objetivo femenino. En 2020, Beatriz Sánchez creó su agencia Cuarenta y Acción con una intención férrea de «dar visibilidad a las actrices mayores de cuarenta años» y demostrar que «también existen y tienen su derecho a trabajar». Una edad que, según considera, hace más mella en la trayectoria de ellas que en la de ellos. «Hace no mucho las mujeres llegaban a los cuarenta y desaparecían, pero los actores siguen trabajando; no les faltan las ofertas a la misma edad», opina. La delegación de CIMA sirve, desde su punto de vista, «para mostrar más los trabajos femeninos que se hacen desde la comunidad». También, como una forma de unión entre las profesionales «como grupo de trabajo».
Su compañera De Luna está de acuerdo. «En el sector audiovisual, casi todos nos movemos entre Madrid y Barcelona», opina: «Es muy difícil vivir de esto en tu ciudad de origen». Por eso mismo, asociacioness como estas ayudan, en sus palabras a «no estar tan solas». «Tejer este vínculo entre nosotras es positivo para ayudarnos, para hacernos un hueco y crear una red profesional entre nosotras», sentencia.
"Hace no mucho, las mujeres que llegaban a los cuarenta desaparecían, pero a los actores no les faltan ofertas"
Es además, una forma de descubrir –y de encontrar– a mujeres a las que admirar. «Yo empecé mi carrera como actriz porque me apasionaba el mundo del teatro, pero tampoco tenía referentes de directoras para verme reflejada en ellas», relata: «Cuando fui conociendo más de los pocos referentes que había me di cuenta de que ese es el lugar en el que quiero estar». Cada vez que las amigas de su hija disfrutan de una de las proyecciones organizadas por CIMA en la Filmoteca de Madrid, al menos una de ellas confiesa su intención de ser directora. «Seguramente acabarán siendo otra cosa, pero ya está en su mente, ya cuentan con esa posibilidad», añade la cineasta: «Eso es muy importante... Al no haber referentes, antes no había posibilidades».
Y, aunque la situación ha ido cambiando y cada vez es mayor la presencia de mujeres en la industria cinematográfica y audiovisual, Alicia Van Assche no cree tenerlas todas consigo. «El otro día leí un artículo que decía que, al ritmo que vamos de cambio, llegaríamos a una igualdad fáctica en ciento cuarenta años», desarrolla, antes de ilustrar sus palabras con un ejemplo. «Una vez me pidieron una propuesta para hacer una campaña de Mujer Rural y pregunté si valoraban el hecho de que lo dirigiera una mujer que, como yo, vive en el medio rural, pero me dijeron que no, que eso no se valoraba», expresa: «¿Cómo es posible que no se valore? La visión de una mujer tiene que tener peso y presencia; tenemos que conseguir que instituciones y ayudas lo tengan en cuenta... Cuando hayamos conseguido esa presencia, entonces ya no la necesitaremos».
Es por esos referentes, esa visibilidad y esa necesidad de tener una presencia por los que trabaja la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales, que desde hace poco más de una semana y después de casi veinte años de su fundación, se ha afincado por fin en Castilla y León. Desde ahora, esa finca sirve como escaparate para el trabajo de las cineastas de esta tierra y para la creación de un tejido profesional que sirva como enlace y una en todos los sentidos a creadoras como Alicia Van Assche, Isabel Medarde, Patricia de Luna y Beatriz Sánchez. Porque están ahí, a pesar de que a veces no se las vea.
