'Memoria de la nieve', el segundo poemario de Julio Llamazares

“La memoria y la nieve son dos símbolos, o posiblemente el mismo en dos variantes descriptivas, de todo lo que he escrito”, reconoce el autor de ‘La lluvia amarilla’

ICAL
08/06/2019
 Actualizado a 18/09/2019
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El empeño y la persistencia de Diego Moreno, fundador y director de Nórdica Libros, junto a la labor de mediación de Julio Llamazares y la disposición de Ediciones Hiperión, han hecho posible que ‘Memoria de la nieve’ (Nórdica, 19,50 euros), el segundo y último poemario del escritor leonés, cobre nueva vida en una edición ilustrada por las evocadoras acuarelas de Adolfo Serra. El “paisaje de miradas de nata y tejados helados” que recreaba el autor de ‘La lluvia amarilla’ en los treinta poemas que componen el volumen le permite al escritor reivindicar el que para él es “el género por excelencia”, la poesía, que define como “la literatura en estado puro”.

“Luego he publicado poemas sueltos, pero en realidad yo solo he escrito poesía como género dos meses en mi vida, aunque podríamos hablar largo y tendido de cómo la poesía trasciende los géneros. Los dos poemarios que publiqué (‘La lentitud de los bueyes’, 1979; y ‘Memoria de la nieve’, 1982) los escribí el primero durante un mes en Gijón, en mi último año de la carrera de Derecho, y a finales de 1981, recién llegado a Madrid”, explica Llamazares en declaraciones a Ical.

‘Memoria de la nieve’ vio la luz originalmente en 1982, tras ser ganador de la cuarta edición del Premio Jorge Guillén de Poesía convocado por el Consejo General de Castilla y León, con un jurado que estaba integrado, entre otros, por José Manuel Caballero Bonald, Jesús Munárriz o Antonio L. Bouza. El poemario se abre con un verso que de alguna manera aglutina toda la producción posterior de Llamazares: “Mi memoria es la memoria de la nieve”.

Julio Llamazares tenía 14 años cuando el embalse del Porma inundó Vegamián, su pueblo natal. Ahora, con motivo de esta reedición, reconoce que memoria y nieve son dos símbolos de cuanto escribe, “seguramente es el mismo, en dos variantes descriptivas, porque al final la memoria es como la nieve, que se va derritiendo poco a poco, y la nieve es como la memoria, que también va despareciendo poco a poco”. “Esa imagen de escribir sobre la nieve, quees escribir desde la memoria o sobre ella, es algo que permanece en todo lo que yo he escrito”, reflexiona.

Cuando se le pregunta cómo ha cambiado su escritura en los últimos 37 años, desde la publicación inicial de ‘Memoria de la nieve’, el escritor leonés reconoce que “seguramente haya habido una evolución”, si bien confiesa que se atrevería a decir que, “en lo sustancial”, el narrador que en él se encierra sigue siendo “el mismo del primer verso”. Además, sobre su alejamiento de la poesía pura durante las últimas décadas, es claro: “Creo que todos los días se me pasa por la cabeza la idea de volver a escribir poesía, y mi esperanza es algún día volver a hacerlo. Yo creo que la poesía acompaña a los escritores al principio y al final de su trayectoria. Espero que el final llegue tarde y antes de que me llegue confío en haber vuelto a la poesía”.

El origen de los versos


Sobre lo que le pudo empujar en 1981 a crear los versos que conforman ‘Memoria de la nieve’, donde escribe que “amasar la memoria es bondad de alfareros, lentitud de veranos en fabulación”, señala que “seguramente la poesía surge porque no tienes claro nada e intentas buscar respuestas en lo irracional a lo que te desconcierta de lo racional”. “Sin embargo, el fenómeno de la poesía que es algo que tiene una dimensión de misterio que a los propios poetas se nos escapa, por qué escribimos lo que escribimos o cómo lo escribimos es algo muy difícil sino imposible de explicar”, valora.

Al respecto, una posible clave para desentrañar el origen de aquel poemario aparece en el verso que cierra el quinto poema: “Les digo este relato para ahuyentar el frío”. “Seguramente ese verso es un poco la explicación no ya solo del hecho de escribir poesía sino de escribir sin más. Uno escribe para ahuyentar el frío, para buscar explicación para algo que no la tiene, que es la vida, la realidad que te rodea”, aclara Llamazares.

Él mismo rememora el verso inicial de ese quinto poema: “Hace ya mucho tiempo que camino hacia el norte, entre zarzas quemadas y pájaros de nieve”, en alusión “no a un norte geográfico, sino de bruma y fabulación”. “Digamos que los escritores, que los poetas, contamos fábulas y fabulamos para tratar de dar una explicación al misterio de la vida que no acabamos de entender”, resume.

En la escueta nota introductoria que precede a la actual reedición, Llamazares reconoce que “no cambiaría ni una coma” de esos versos “si los volviera a escribir en este momento”. Según reconoce, esa afirmación “no tiene nada que ver con presuntuosidad ni con seguridad en uno mismo”, sino con su convicción de que “la poesía o la literatura refleja nuestro pensamiento y nuestros sentimientos en un momento concreto de nuestra vida, por lo tanto corregirlos sería utilizar el Photoshop del tiempo y hacer en cierto modo trampas”.
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