"Murieron asfixiados 12 y nadie se apiadó de los otros"

Fidel Martínez es un inolvidable del Valle de Sabero, por el bar Pozano, que regentó, por el huerto de figuras que su familia sigue manteniendo pero, sobre todo, por una irrepetible biografía que incluye conocer los rigores de la cárcel de San Marcos

09/03/2025
 Actualizado a 09/03/2025
Fidel Martínez Rodríguez rodeado de algunas de las figuras del ‘zoo’ creado en su huerta; al fondo las instalaciones del Pozo Herrera.| MAURICIO PEÑA
Fidel Martínez Rodríguez rodeado de algunas de las figuras del ‘zoo’ creado en su huerta; al fondo las instalaciones del Pozo Herrera.| MAURICIO PEÑA

La ocurrencia de escaso gusto de aconsejar disfrazarse de preso, nacida del hostal de San Marcos, desató la indignación de descendientes de leoneses que habían estado en el durísimo campo de concentración que allí hubo y en el que practicó una brutal represión.

Uno de los testimonios más duros de lo que allí ocurría lo ofrecía, en un reportaje de La Crónica de León de 2011, un personaje inolvidable que, por suerte, salió con vida de aquel calvario. Era Fidel Martínez conocido por Pozano, el nombre del bar que regentó durante décadas en Sotillos de Sabero, en la bocamina del Pozo Herrera de Hulleras de Sabero, donde también trabajó de minero. 

Allí, entre el pozo y el bar, hay un llamativo huerto lleno de figuras de chapa y piedra que el bueno de Pozano fue levantando para entretenerse, con chapas sobrantes de la mina y piedras que cogía cada día en sus paseos por el monte y ‘acarreaba’ para casa. 

Fidel Martínez estuvo en el frente republicano, también en el monte con los huidos y le hicieron preso en Asturias. Venían en tren camino de San Marcos con una nevada que les obligó a detenerse en Villamanín, donde les llevaron a la iglesia. Como aquello se alargaba decidieron ir fusilándolos por miedo a algún intento de liberarlos. «Nos iban sacando por bancos, de cinco en cinco, y a los pocos minutos escuchábamos los disparos. Ya habían llegado al banco anterior al nuestro y hablamos que cuando entraran a buscarnos nos lanzábamos contra ellos para obligarles a disparar allí mismo y ver si se provocaba una revuelta». Y a los pocos minutos entraron. Se iban a levantar los cinco del banco de Pozano y el oficial al mando gritó: «Todos al tren, que ya circula». 

De allí fueron a San Marcos. «Quedábamos 67 de los casi 100 que habíamos salido y nos metieron en una carbonera que no tendría veinte metros cuadrados, unos por encima de los otros, sin servicios, hacinados...», contaba Pozano, que añadía una historia que ilustra, aún más, la dureza de aquel campo de concentración. «Con la debilidad y el hacinamiento doce de aquellos hombres murieron asfixiados. Llamamos a voces al guarda: ‘que ya han muerto doce’; y nos respondió: cuando mueran 66, el que quede vivo que me avise». 

«Éramos 67 hacinados en veinte metros cuadrados, doce murieron asfixiados; y cuando se lo gritamos al guardián nos dijo que le llamáramos cuando murieran 66»

Tal cual. Como para que les hiciera gracia la ocurrencia a su hija Marilina o a su nieta Bea, que conservan y cuidan su huerto en su memoria y cono homenaje a su recuerdo. 

Contaba Pozano historias tremendas de su estancia en San Marcos, además de la ya apuntada.

- En las celdas no teníamos servicio, había un zambuyo (un bidón cortado por la mitad) y allí teníamos que hacer todas nuestras necesidades y aguantar después el olor.
- Si caías enfermo te daban una aspirina... pero te quitaban el chusco de pan de la ración, para que no dijéramos que habíamos enfermado. Solo la pedías si te veías muy mal. 
- Auno que llamaban Pitillo, de Villablino, le dieron una paliza terrible y le hicieron las cejas con un machete, entre risas. 
- Al Kaiser  de Aleje, que yo le conocía, le dieron un culatazo y tenía una infección terrible en un codo, no le daban nada y le orinábamos encima a ver si le curaba;lo soportaba porque tenía unos dolores terribles...

De allí pasó a la prisión provincial (en el Archivo Histórico) donde también el hacinamiento era tremendo, después estuvo en Figaredo y Oviedo, fue ayudante de un enfermero que realmente era veterinario... una larga cadena de desgracias que jamás olvidó, te decía el tiempo exacto que estuvo en diferentes cárceles:«Fueron en total seis años, dos meses y doce días... que no está mal si piensas que había sido condenado a muerte». Y se hacía una pregunta que estremece: «¿Tú sabes lo que sufre un hombre que está condenado a muerte?No lo sabes, ni te lo imaginas». 

El famoso huerto de Pozano, en Sotillos, que su familia se encarga de cuidar en homenaje a su recuerdo. | MAURICIO PEÑA
El famoso huerto de Pozano, en Sotillos, que su familia se encarga de cuidar en homenaje a su recuerdo. | MAURICIO PEÑA

Al fin pudo regresar al valle y salir adelante a base de mucho trabajo, en el bar, en la mina, que era muy dura... «La juventud me la robaron en la cárcel, y después a trabajar en la mina como un perro», pero superando aquellos trances tan amargos, aunque no del todo.

- No faltó quien nos denunciara todavía, como si no hubiéramos sufrido ya lo suficiente, y nos llevaron al cuartel por estos malquereres de quienes les debía parecer poco todo lo que tuvimos que sufrir. Una vez nos llevaron al cuartel y el comandante de puesto nos preguntó si estábamos planeando un golpe de Estado:«Acachabazos», le dije yo;y nos mandó para casa.

También recordaba Fidel que cada vez que se organizaba una redada para buscar al famoso maquis Ramos recibía ‘una visita’. El miedo tardó mucho en desaparecer de aquella casa, tanto que cuando empezó a cortejar en La Ercina «mi padre no hacía más que decirme que no fuera por el monte, aunque allí no corría peligro pues no había nadie que conociera el monte mejor que yo».

Poco a poco fue llegando la tranquilidad a su vida;se fue ganando el cariño de los vecinos de aquel valle, primero de minero/cantinero, después de jubilado incapaz de quedarse quieto, lo que le llevó a crear un huerto que se ha convertido en el eterno recuerdo de quien ya era un inolvidable, un excelente contador de historias, entre las que se incluía la suya.

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