Hay temas para esta mirada setentera de los lunes que, inevitablemente, vienen marcados por el calendario y sus efemérides. El de hoy puede ser uno de esos casos por más que su protagonista podría aparecer en multitud de ocasiones, por muchos motivos diferentes, pues no cabe duda de que se trata de uno de los personajes más relevantes de la vida social, cultural política o universitaria de León, ya que de todos sus ámbitos participó de manera destacada y recordada; aunque seguramente el ‘título’ que más le enorgullecía sería el de haber sido uno de los adalides de la llegada de la Universidad ‘propia’ a León, antes dependía de Oviedo. Por más que en su creación echara balones fuera cuando dijo en su discurso:«Si las premisas que hemos planteado son correctas, entendemos que está justificado afirmar que la Universidad de León es fruto del esfuerzo y de los ahorros del propio pueblo leonés, y no una concesión graciosa de los poderes del Estado».
Se refería claramente al apoyo de otros ciudadanos y colectivos y, sobre todo, la importante participación de aquella Caja de Ahorros de León ¡qué tiempos!
Es, cómo no, el profesor Miguel Cordero del Campillo; quien, vamos con las fechas, en enero habría cumplido cien años de vida desde su nacimiento en Vegamián el 12 de enero de 1925 y en febrero, también el día 12, se cumplieron cinco años de su fallecimiento en León.
Tuvo Miguel Cordero en los años 70 de nuestro Fernando Rubio gran presencia pública, por lo que las imágenes del profesor se acumulan en el archivo del fotoperiodista. Y le complace además a Rubio el personaje por su admiración hacia él y su obra pero también hay un emotivo componente personal. «Hay personas que conocí antes de trabajar en la prensa leonesa. Una de ellas fue Miguel Cordero, cuando en 1966 comencé Biológicas en la nueva Sección de Ciencias Biológicas en la Facultad de Veterinaria, aunque mi paso por esas aulas fue breve, por razones que no vienen al caso. En los 70, ya por mi trabajo de reportero gráfico, tuve un contacto cercano con él lo que me llevó a tener una excelente opinión y un gran respeto por su labor, tanto profesional, humana y su dedicación a la comunidad en su vertiente política».
«Yo nací (en el año 1925) en la casa de mi abuela, en el pueblo de Vegamián, en la misma habitación en que había visto la luz mi madre y en la que se engendró mi hijo Miguel»
Lo primero que llama la atención de su biografía es que también Miguel Cordero es uno de esos «hombres sin pueblo» pues quedó debajo de las aguas del pantano de Vegamián, donde nació. Así lo contaba él mismo: «Yo nací (1925) en la casa de mi abuela, en Vegamián, en la misma habitación en que había visto la luz mi madre y en la que se engendró mi hijo Miguel. Una estrecha ventana, que daba a un corredor típicamente montañés, permitía divisar el circo montañoso que se inicia en el Peñaruelo y acaba en la Peña del Cueto».
No se pueden quejar los vecinos de Vegamián de la fidelidad a su pueblo natal. Acudía a la fiesta de San Antonio y escribió, y mucho, sobre personajes de la localidad. De hecho, a su muerte estaba trabajando en uno de ellos, como recuerda su amigo y también veterinario Francisco Álvarez Baldor: «Andaba enfrascado, y emocionado, en la biografía del general Federico Castañón y Lorenzana, un destacado militar de la Guerra de la Independencia que había nacido en su pueblo en 1.771». Algunas veces daba una curiosa definición de su andadura vital: «En lo académico fui de alumno de la Universidad a rector, en lo humano de disparar con el arco a las gallinas del corral de mi madre a investigar en medio mundo».
Y entre el aniversario de su nacimiento en Vegamián y su fallecimiento en León hay una intensa y admirada biografía. Bastaría viajar, por ejemplo, a la wikipedia para ver la larguísima lista de premios, reconocimientos, investigaciones, estudios, logros... entre los que se encuentra su tal vez menos conocida faceta política, ya que también representó a los leoneses en el Senado y dejó huella de su paso por él. La lista de reconocimientos sería suficiente para llenar estas dos páginas.
«He donado mi cerebro a la ciencia. Así consta ya en el registro del Banco de Cerebros de Salamanca desde el 4 de marzo de 2013, cuando firmé la solicitud. No fue sencillo»
Muchos leoneses recuerdan como en los años 90 se realizó una curiosa encuesta en los medios de comunicación. Se preguntaba quién era el leonés «más listo» y la respuesta fue abrumadora:Cordero del Campillo.
Y al recordar que hace cinco años que se fue es muy signicativo saber cómo lo hizo, cómo se conoció entonces una de sus últimas voluntades.
Antes de entrar en la recta final de su larga vida había dado cuenta Miguel Cordero de otra decisión que había tomado, relacionada con su muerte. «He donado mi cerebro a la ciencia. Así consta ya en el registro del Banco de Cerebros de Salamanca desde el 4 de marzo de 2013, cuando firmé la solicitud. No fue sencillo, tuve muchas dudas antes de hacerlo pero estoy convencido de que hay que investigar. Hay que saber cómo se producen las alteraciones neurológicas y cómo han llegado a ese desvío (hablaba del alzehimer). Esto hay que saberlo para buscar un antídoto».