
Y recuerda Álvarez Faldor las duras condiciones en las que llegó al hospital el pasado día 24. «Llevábamos, mi mujer y yo, una semana en casa malos, con los síntomas, y aguantando pues llamamos al teléfono de la Junta que decía la publicidad y ni caso, dijeron que nos llamarían y hasta hoy. Cuando ya no podía más subimos en ambulancia los dos, mi mujer regresó a casa y para mí empezó una etapa muy dura, que se resume fácil: estuve muerto».
Y pone un ejemplo. «No tenia fuerzas para llegar al baño y tenía miedo a morir en él pues el tubo del oxígeno no llegaba hasta allí, tenía pánico, menos mal que tenía un compañero de Valencia de Don Juan extraordinario; yo estaba como estaba pero Emiliano, que le dicen Nanín, tiraba por mí con un comportamiento de 10, me ayudó a no morir, y no es una forma de hablar, es lo que allí pasó».
Y en ese momento es dónde recuerda la primera anécdota del personal sanitarios que le trataba, médicos, enfermeras, auxiliares... «Entraban de canto en la habitación y es normal pues se la jugaban, era cuando se protegían con bolsas de basura. Un día estaba yo muy mal y vi llegar a una, con las bolsas, y me entregó una nota: ‘Soy Asun, tu enfermera’. Si no lo han vivido no te lo puedes imaginar, pero créeme que es un momento muy emocionante».
Y Francisco nada más que mejoró quiso saber quién estaba detrás de aquella nota y quiénes estaban detrás de las mascarillas, de los guantes, de las bolsas. «La enfermera era Asun Segurado, que es de Laguna Dalga, tierra que conozco bien por mi trabajo. «También se emocionó un poco cuando la felicité por la humanidad que le pone a su trabajo».
Y el entretenimiento de Francisco en los momentos que tenía cuando ya iba mejorando, cuando parecía que se alejaba aquella luz del túnel, era charlar con la gente de la planta, con aquellos que le sacaron, quince auxiliares y otros quince enfermería: «Laura, que es de Espinosa de la Ribera, no me quería decir el nombre de su pueblo pues creía que no lo iba a conocer, hasta que le dije: pero si tu pueblo sale en mi tesis».Jamás olvidará este activo veterinario «la tremenda vitalidad de Noemí, que es de Grulleros o la habilidad y destreza que muestra Dorotea para cualquier función que tenga que llevar a cabo. La dulzura y cercanía de Jennifer, de Valcabado del Páramo. Y también...».
- Quieto Francisco que se nos acaba el papel.
- Bueno. Me gustaría hablarte de todas, de la médico que tranquilizaba a las familias pero si no hay sitio. Bueno, que quede claro que hablo de estas como ejemplo, pero que no olvidaré jamás a ninguna.
Vale. Es la crónica de un superviviente que está convencido de que «me metieron de todo, lo escrito y lo que no está escrito... pero aquí estoy, con la felicidad de contarlo».
- Pon todos los nombres que puedas, por favor, lo merecen.
Tranquilo, lo entienden.