No le falta razón a la abuela de la ciudad, miembro además de una conocida familia leonesa en la que parece que llegar a los cien años es casi una costumbre. Son varios los miembros de ella que en los últimos cuatro o cinco años han superado el siglo de vida. Pepín Muñiz, sobrino de Luz, conocido abogado y escritor leonés —que suele bromear con que él tiene 150 años ante la longevidad de la saga— hace un repaso de los personajes más longevos de los Muñiz Alique. «La tía Luz es la que más ha vivido y lo que le queda, pues acaba de celebrar los 106; pero tiene una hermana, Cecilia, a la que llamamos Cheli, que también está ya en el siglo; otro hermano, mi padre, José falleció camino de los 101 años; y su mujer, mi madre, María Sánchez del Valle, falleció con 101 años y hace poco más de un mes falleció saltando una zanja una hermana suya, Carmen Sánchez del Valle, que ya tenía 104 años».
- ¿Cómo puede ser?
- Yo creo que el gen de la longevidad estaba en el abuelo Sixto, el capitán Sixto Muñiz, que fue uno de los famosos ‘Últimos de Filipinas’. Si sobrevives como él a aquel asedio ya estás preparado para lo que venga.
- Ya, pero tu madre y su hermana no tienen sangre del capitán.
- Si te empeñas en matarme la historia... queda bien lo del último de Filipinas pero la causa real ¿quién la va a saber?

Ya apunta «el calvario» del abuelo Sixto en la guerra, que sucedía al calvario de los últimos de Filipinas, donde fue un héroe,el último en regresar lo que le convierte en el último de los últimos, hasta el punto de que —cuenta Luz Muñiz Alique— «cuando vivíamos en La Coruña, donde el abuelo Sixto era Capitán y Jefe de Seguridad de Galicia.También intervino en Barcelona, con motivo de las revueltas e incluso en el atentado de Alfonso XIII, donde resultó con heridas de cierta gravedad.
Sixto Muñiz había nacido en Villacete de la Sobarriba y, como ya se ha dicho, durante la guerra estuvo escondido en una casa de agricultores de Represa del Condado.
Para entretener el tiempo «dibujó en las vigas de la casa, más bien talló en la madera, motivos de todo tipo, sobre todo florales, por lo que yo le llamo a la casa la Capilla Sixtina, del abuelo Sixto y su arte».
En él estaba el origen, según Pepín, pues tres hijos superan los cien años: José Muñíz, la citada Luz y Cheli.
El Schindler leonés
También la biografía de José Muñiz es apasionante pero en ella hay un pasaje del que el citado Pepín está muy orgulloso, lo que le lleva a bautizar la su padre como el Schindler leonés, por comparación con la lista de la famosa película. «En 1936 era un joven Procurador de los Tribunales, nació en 1911, y fue destinado al frente, en Vega de Viejos, como ‘secretario de causas’ aprovechando sus conocimientos de leyes y consciente de que su padre andaba huyendo por los montes. Mi padre en ese puesto demostró gran valentía y logró salvar gran cantidad de vidas arriesgando la suya pueso bien minoraba los cargos o cambiaba los informes sumariales de muchos vecinos de la comarca que simplemente eran sospechosos de tener ideas contrarias al régimen dominante. Así salvó muchas vidas».Entre los muchos hijos de José Muñiz Alique (10) hay otro que también es orgullo de la familia, el conocido Arquitecto Alberto Muñiz, para todos El Tío Alberto, fundador de la Ciudad de los Muchachos en Madrid y un personaje que invierte sus dineros y sus esfuerzos en sacar de la calle a los chavales más marginales y marginados.
Maestra y madrina de guerra
También la madre de Pepín Muñiz —y el Tío Alberto—María Sánchez del Valle, superó los 100 años pese a no tener «sangre» del Capitán Sixto Muñiz. Pero Pepín tiene especial predilección por la historia de su tía Carmen Sánchez del Valle, la que murió hace unas semanas «por saltar una zanja» y de la que su sobrino afirma que «fue una mujer extraordinaria. Era maestra y se hizo madrina de guerra, es decir, apadrinaba a soldados que no tenían a nadie en el mundo. Uno de ellos, que era casi analfabeto, le enviaba unas cartas que resulta emocionante verlas, con su forma primitiva de expresarse, se le torcían los renglones y acababa escribiendo casi en círculos... pero que cosas tan bellas y emotivas le decía, que se veían cargadas de sinceridad, pero a ella no le gustaba nada enseñarlas, era algo muy privado e íntimo».¡Qué gente los Muñiz! No me extraña que Pepín viva los 150 años.