Pero después Gómez Rascón desapareció, se convirtió en una autoridad en el campo del arte, especialmente religioso, y publicó más de veinte libros, pero de la poesía se había alejado, explicaba él mismo los motivos: «Fierro y Delgado eran compañeros de curso y compartíamos inquietudes. Después de aquellos dos primeros número no publiqué nada, aunque seguí escribiendo algunos poemitas, especialmente en tiempo de vacaciones. La Montaña leonesa era mi principal fuente inspiradora. Me interesaban los problemas y las vivencias de aquellas gentes. Son trozos de la vida familiar y de mis gentes. Son pinceladas de la naturaleza que los ha mantenido generacionalmente».

Llegó la pandemia, el tiempo para cosas que no se tenía antes, surge otra complicidad, la del poeta también montañés Antonio Manilla y a él le cae el encargo de hacer la selección de los cientos de poemas que Máximo Gómez Rascón (La Mata de Monteagudo, 1941) había ido escribiendo en sus libretas. «Nos llegó así la posibilidad de descubrir a un poeta secreto. De escudriñar entre sus composiciones una selección para a su vez presentarla al público lector, esta que con tanto cariño ha acogido bajo sus alas Mariposa Ediciones. (...) en este libro resuenan —con la presencia subyacente de un pensamiento en clave de trascendencia— los logros de los poetas «cultos» que Gómez Rascón ha leído con aprovechamiento, entre los que me parece apreciar en especial un gusto por la esencialidad de Antonio Machado, la mirada impresionista del primer Juan Ramón Jiménez o el neopopularismo y las metáforas de Federico García Lorca, por no hablar más que de los clásicos».
Y así es como en breve en la sala Región del ILC los leoneses descubriremos a un poeta emboscado, después de décadas de silencio, que nos anuncia su especial predilección por algunos temas, al margen del religioso, cuando escribe: «Estos versos nacen al lado de un arroyo / donde beben las vacas / y donde los niños capturan renacuajos».
Son los versos de ‘Sillares de cristal’