La versátil soprano francesa (Lyon, 1965) ya había asombrado a la crítica al llevar a buen puerto la proeza de encarnar a las cuatro musas de ‘Los cuentos de Hoffmann’, cada cual con un registro distinto. Aquí, en el papel de una huérfana criada en el ejército -con los rudos modales de los soldados-, demuestra no solo vena lírica, ternura y precisión en las vertiginosas coloraturas, sino también cintura para los gags de humor, fundamental en este título de Gaetano Donizetti.
En cuanto al ídolo peruano (Lima, 1973), sale airoso de la célebre aria ‘Ah! Mes amis’, culminada con los nueve (!) Do de pecho de la cabaletta ‘Pour mon âme’, uno de los mayores retos para cualquier tenor por su velocidad y registro. Elegante, firme y expresivo, aquel curso Flórez ya había logrado –con esa misma pieza– el primer bis que La Scala de Milán presenciaba desde 1933, cuando los prohibió Toscanini.

‘La hija del regimiento’ nunca ha maravillado a la crítica (ya en 1840 Il Figaro la calificó de «pequeña farsa sin sentido»), pero el público la adora. Irónica y sentimental, fue la única de las 66 creaciones de Donizetti que siguió en cartel incluso durante el declive del bel canto, a finales del siglo XIX. Su carismática protagonista conectó con las mujeres de la época: era habitual que en tiempos de guerra se alistasen como enfermeras. En Francia agradó mucho el retrato amable de la armada y la incorporación en la partitura de los ritmos militares del tambor y de himnos como ‘Salut à la France’. Desde entonces, los teatros la representaron el 14 de julio, aniversario de la toma de la Bastilla.
Ya en el siglo XX, ‘La fille’ pervivió como vehículo de lucimiento de los cantantes, que afrontan adornos, trinos, saltos, sobreagudos… Eso sí, el autor de ‘Don Pasquale’ sabía equilibrar los pasajes frívolos con otros de profunda melancolía. El ambiente paródico se reserva a las escenas colectivas, pero las intervenciones en solitario resultan conmovedoras, en especial la tristísima ‘Par le rang’, de la soprano. Como su coetáneo Bellini, Donizetti brillaba por su capacidad de crear frases largas, bellas, pegadizas. Ya lo dijo Mendelssohn, poco dado a elogios: «Ojalá yo hubiera escrito ‘La fille’».