26/07/2024
 Actualizado a 26/07/2024
Guardar
| JOSÉ ÁLVAREZ GUERRA
| JOSÉ ÁLVAREZ GUERRA

Cuando éramos ricos (o eso creíamos), vivimos una explosión de actuaciones por todo el país de transformación a fondo de espacios y servicios. Inversiones multimillonarias para dar una salto cualitativos en la industria o en las ciudades. Nuevos edificios, nuevos usos, nuevos servicios. Bienintencionado, y muy a salto de mata (algo bastante normal en nuestra manera de ser).

Llegó luego la dura y triste realidad, Paco con la rebaja, famoso dicho tradicional, y la cosa quedó en lo que quedó. O está quedando.

Pero no íbamos a ser menos por aquí. Y era bonito… mientras duró. 

Es verdad que había una simple frase que justificaba todo: «vamos a saltar el río». Porque el río, el Bernesga, siempre dividió la ciudad, siempre fue un muro. Aquello era «el otro lado».

Se trataba de una gran operación, buena para todos, que uniría el barrio de la Sal, el otro lado, con la ciudad, mediante un puente prolongando Lancia que, a su vez se constituía como un Centro Comercia, un soterramiento monumental de kilómetros de línea férrea (que aún colea), Una nueva estación conjunta de ferrocarril y autobuses, un Palacio de Congresos y Exposiciones, varios hoteles de apoyo y un montón de viviendas (que, teóricamente, financiaban una buena parte de la operación). Y todo en el espacio de la antigua Azucarera.

Al final, un soterramiento que se quedó en el justo y necesario (y solo faltaría añadir, como en el rezo de la misa «es nuestro deber y salvación»), un pabellón realmente llamativo y espectacular, y una semirruinas forzadas para mantener de forma artificial la antigua instalación industrial.

Y así, años mareando la perdiz (tan mareada como la estación de Matallana), alargando los tiempos y sin tomar en serio la continuidad, con unos y otros alternativamente tirando y frenando el carro, y deteriorándose el espacio día a día.

Pero, como todo llega, al fin, se ha decidido actuar y reordenar el conjunto, darle un uso, adecentar el aspecto y poner en marcha actividades y que, al menos, ese otro lado tenga integración ciudadana.

Y, además, se ha hecho bajo el mejor de los conceptos: se trata de una solución provisional.

Y es lo mejor porque, como ya escribí en esta misma página de opinión, hace muchos años, cuando se aprobó la construcción de una estación provisional de ferrocarril mientras se abordaba la construcción de la futura nueva y estupenda estación conjunta bus-tren, nada hay más definitivo en este país que una solución provisional.

Y siendo provisional, me parece estupendo el planteamiento. Podría haber sido más amplio, pero no importa, siempre se puede ir mareando la perdiz, como en FEVE, añadiendo y añadiendo, hasta completarlo, sin Palacio de Congresos (ni FEVE), pero urbanísticamente terminado y justificado (como FEVE). 

Por cierto, ya me gustaría saber cuándo alguien, al fin, admite que no habrá ni estación término en Padre Isla ni Palacio de Congresos en la azucarera, cosa que estoy convencido terminará sucediendo (ya lo he escrito más de una vez). Además, y aunque más de uno me tire piedras, es lo lógico y racional, aparte de ser lo que se piensan en las altas esferas, aunque no se atrevan a decirlo (pero yo se lo he oído a más de uno).

Pero vayamos al grano. No conozco todas las propuestas (todas, supongo, con un denominador común: poner en uso el espacio, hoy cochambroso, de la mejor manera posible en función del presupuesto), y todas, como la adjudicataria, poniendo su trabajo para revitalizar la zona. En aquella, lo que se plantea ahora es hacer desaparecer el aspecto provisional que la estructura de apeo, que ya era hora, replicándolo por el interior y aprovechándolo como entramado para montar un escenario que permita su uso escénico, limpiando, obviamente, todos los escombro y vertidos actuales, ordenándolo e incluyendo los pabellones adyacentes, manteniendo el Palacín y poniendo en uso la otra nave con un servicio de hostelería y reuniones. Una propuesta modesta (si se toma como medida la inicial), pero que puede tener futuro. Al menos a eso es a lo que huele.

Toda esa parte, hoy muerta, pasa a ser así un conjunto de ocio y cultura interesante que, seguro que por su ya mencionada «provisionalidad», se irá completando. Y si además se gestiona bien, puede esta propuesta, modesta en sí, llevar al desarrollo final y práctico del conjunto. Fenomenal.

Y, en este proceso, una queja personal. Se ha convocado un concurso del que se ha dado noticia como de «propuesta con oferta económica» sin más, con la adjudicación a una empresa constructora. Bien me parece que se nombre a Decolesa como adjudicataria, que para eso ha hecho la mejor de esas ofertas, pero ésa, como todas las demás que se presentaron, llevaban dentro el trabajo de equipos multidisciplinares, arquitectos incluidos, de los que no se menciona ni una palabra. Nada nuevo, pues, como ya tantas veces he escrito: «los arquitectos somos transparentes». Y si es verdad que las ciudades las hacemos los todos, no menos verdad es que sólo unos pocos las proyectan, esos pocos que, para bien o para mal, son los que, al final, hacen la imagen de la misma. Y aquí sí quiero «desfacer el entuerto»: en la propuesta que se va a ejecutar están, como arquitectos, Andrés Rodríguez Sabadell y Susana Valbuena, pero también el resto de los participantes en las demás se merecen, al menos, ser conocidos: Eloy Algorri y Ricardo Lorenzana, Cecilio Vallejo, Itziar Quirós, y Virginia González. 

Gracias a todos ellos por preocuparse de la ciudad y aportar sus soluciones al punto muerto en que se encuentra el ‘Palacio de Congresos’. 

Lo más leído