Le gusta decir a menudo al amigo Barragán aquello de Einstein, que el universo puede no ser ilimitado pero la estupidez sí lo es. Se podría enunciar de modo parecido: hoy todo es global y más que nada la tontería, la estulticia, el postureo. Triunfan la sagrada uniformidad y la infame vulgaridad, nada ni nadie es original. En el marco mental global, la diversidad ha sido conculcada. Que vivan las copias.
Es así en todos los órdenes, en la cultura, el deporte, el trabajo, las costumbres. Pongamos por caso el lenguaje, ¿acaso estamos creando una neolengua y no lo sabíamos? Hay una serie de expresiones repetidas hasta el empacho y odiosas hasta el asqueo: ‘Como no podía ser de otra manera’, ‘Sí o sí’, ‘Lo hemos dado todo’, ‘Mal no lo siguiente’, ‘Ya te digo’, ‘Blanco y en botella’, ‘En cero coma’, ‘Te lo compro’, ‘Ventana de no sé qué’… y tantas simplezas por el estilo. Muletillas cotidianas que usan artistas, tertulianos, deportistas y periodistas. Y por mimetismo, la calle. Qué decir de los doctos futbolistas, todas sus respuestas comienzan con la verdad que, o mejor ‘laverdaque’, así pronunciado junto. Parecen educados en serie. Que vivan los robots.
Otras palabras de moda, manoseadas, usadas a toda hora, muchas veces fuera de sitio y en tantos casos con verbos derivados de sustantivos, que suenan tan feo aunque sean académicos: focalizar, priorizar, poner en valor, sobrevalorado, fluir, vibrar, reinventar, pensamiento positivo, zona de confort, etc. O calificar algo de histórico. Muere una reina de cien años y no es algo natural, es histórico; la Cultu juega contra un país futbolísticamente marginal y es un choque histórico. Hoy todo acontecimiento, cualquier cita deportiva o suceso medio extraordinario es catalogado inmediatamente con el campanudo calificativo de «histórico» en los medios. Qué porfía, señores. Qué falta de ponderación. Que vivan las modas.
El diccionario de Cambridge ha elegido ‘manifest’ como palabra del año, otra moda. Ese verbo, adoptado ya por pijos y famosas, se usa por lo visto en el sentido de proyectar, hacer un trabajo de transformación interior, de diálogo interno positivo. Hablan del poder de la manifestación como algo mágico; veremos cuánto tarda en llegar ‘manifest’ en lugar de manifestar, y si llega también como tendencia (¿o deberíamos decir ‘mainstream’ y/o ‘trending’? Hace poco Alex Grijelmo escribía acerca del término inglés espóiler (otra palabra que tal baila) recién incorporado al diccionario español. Opinaba que el anglicismo se podría haber ahorrado pues ya teníamos nuestra forma de nombrar lo mismo: estropear, destripar, desvelar un final. Concluye el periodista y escritor que tal actitud denota nuestro complejo de inferioridad frente a la cultura anglosajona. ¡Con lo rico que es nuestro idioma! Igual ocurre con ‘influencer’, ¿no nos valía influyente? O con ‘celebrity’ en lugar de celebridad. ¿Quizá nuestras palabras no tienen tanto glamour, o sea, encanto? Y tantos otros ejemplos. Todo así, en este plan. Pues que vivan los ingleses.