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La guerras buenas

19/03/2025
 Actualizado a 19/03/2025
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La mayoría de los jóvenes, por lo que veo, son más proclives al cartel que dice «de aquí huyó un cobarde» que el que reza «aquí murió un valiente».

El estado del ‘bienestar’ que nos vendieron para que lo creyéramos, es un cuento pero, ahora más que nunca, se percibe el empobrecimiento, el desánimo, recorte de libertades y miedo al futuro.

Como de costumbre, me gustaría echarle la culpa a Pedro Sánchez pero no debo hacerlo, porque es un pobre hombre, cautivo de sus podemitas, de los separatistas recalcitrantes, acomplejado ante Macron y lacayo de Von der Leyen y Lagarta, digo Lagarde.

Esta última es una mala pécora –debería asomarse al espejo–, dijo que el problema de Europa es que «la gente vive demasiado». Para poner remedio a la situación, le ha venido una idea: urdir una guerra más evitable que la de Troya («La Guerre de Troye n’aura pas lieu», escribió Pierre Daninos). Tiene el dinero y puede gastarlo en lo que quiera porque lo que piensen los ciudadanos europeos ni importa, ni se les consulta en algo tan transcendental, como perder miles, o cientos de miles de vidas. Otra razón puede ser que los misiles, por culpa de la paz, se apolillen en los arsenales y haya que renovarlos, con la misma frivolidad que se renueva la ropa de un armario.

Pero los que sabemos del manejo de las armas somos los reservistas –‘nasío pa matá’– que hicimos la mili y nos instruyeron para una guerra que nunca llegó. Pudo haberla con Marruecos –y algún día puede pasar– cuando ‘La Mancha Verde’. Yo conocí en África a legionarios que lloraban al recordar la ominosa retirada que se les impuso. Pero esta vez, no creo que la infantería se adentre en territorio ruso porque hay precedentes trágicos. 

De aquella nos valíamos solos, sin Otan, ni Europa. Y así seguiremos hasta que Mohamed le diga a Trump que quiere las Plazas Españolas, o piense en ir más allá. No esperemos ayuda de la UE, ni de la del Atlántico Norte, que no afecta a Melilla ni a Ceuta. Como ejemplo, ahí está Gibraltar y no se ha dicho en Bruselas ni una palabra. No importa.

En esta ocasión la cosa irá de misiles de largo alcance, con cabezas nucleares, portaaviones y carros de combate, más alguna sorpresa. También están contarán las comisiones por este encargo que serán monstruosas.

No creo que esta guerra, con un gobienro comunista, sea asunto nuestro. Pero la dictadura de la UE y los complejos de Sánchez, no nos dejan opción. Exponernos a la radioactividad, a la escasez, al estraperlo, a las cartillas de racionamiento, al cáncer, miembros amputados, lluvia ácida y carne tumefacta.

Ante este sórdido panorama, he de decir que para mí, las únicas guerras admisibles e incluso deseables, son, ‘La Guerra de los Botones’ de Louis Pergaud y la de Gila: «¿Es ahí la guerra?, pues dígale que se ponga».

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