Ya va a hacer tres años, el 28 de abril de 2022, el Ministerio de Educación de Pilar Alegría expuso un texto, titulado ‘24 grandes propuestas de reforma para la mejora de la profesión docente’. El documento presentado a sindicatos y comunidades autónomas me pareció codicioso, pretencioso, arribista y ambicioso. En mi opinión se intentaba meter demasiadas cosas en el mismo saco. «Quien mucho abarca, poco aprieta» es un refrán popular que viene a decir que quien pretende realizar muchas cosas al mismo tiempo, no será capaz de hacer bien ninguna. «El texto suena bien» y supone un gran cambio en la carrera profesional y plantea introducir nuevos requisitos para acceder al máster para el profesorado de secundaria. Además, incluye un periodo de prácticas remuneradas durante la formación y supervisadas por tutores elegidos por su calidad, que serán recompensados por ello. Una actualización del modelo de oposición que renueve unos temarios que se han quedado muy anticuados. Una evaluación de la labor de los docentes, cuya superación irá asociada a mejoras salariales. Estoy seguro de que a ustedes, lectores, también les suena muy bien todo esto. Pero es muy amplio y con propuestas que están solo esbozadas. El tiempo nos dirá en qué queda esta propuesta. Desconfío de un documento que sale de la nada después de cuarenta años sin un solo cambio. Y, por si fuera poco, las cuestiones espinosas, como la de determinar el dinero que irá aparejado a la carrera profesional de los docentes, quedan aparte y no ‘toca’ ahora. Las 24 propuestas eran muy lindas y sonaban muy bien hace tres años, pero no nos las creíamos entonces y todavía no las creemos ahora. El Ministerio de Educación no ha sido capaz de desarrollar el proyecto de la carrera docente que prometía la Lomloe.
Reconozco que los profesores de mi generación, finales del siglo XX y comienzos del XXI, llegábamos a los centros educativos con una licenciatura recién estrenada y nos metíamos en la clase con cuarenta alumnos sin tener ninguna preparación sobre cómo enseñar. Todos tuvimos que aprender a base de golpes y caídas. Lo hacíamos todos sin preparación y sin cálculo, sin reflexión y sin conocimiento alguno del asunto, al puro invento. Hemos adquirido una experiencia a base de errores y equivocaciones. Creo que será la única profesión en la que los trabajadores han comenzado su trabajo con una preparación ‘cero’. En aquel momento, aunque parezca impensable, cualquiera de nosotros podía asumir la responsabilidad de dirigir un grupo de niños sin que nadie pudiera constatar mínimamente nuestra aptitud para la docencia. Ni siquiera una entrevista. Era como si las destrezas propias del oficio surgieran espontáneamente del título de licenciatura. Parece evidente que el profesor tiene que aprender a ser profesor.
El secretario de Estado y número dos del Ministerio de Educación, Abelardo de la Rosa, aseguró en una entrevista en El País, que su departamento tiene el objetivo de «mejorar las condiciones económicas y laborales» de los docentes y «redimensionar» las ratios de estudiantes. Planteó que los nuevos enseñantes pasen los dos primeros años acompañados en el aula por un profesor experto para mejorar su futuro desempeño profesional. El profesorado experto sería seleccionado en convocatorias voluntarias mediante criterios objetivos y sería recompensado por realizar esta función.
Las preguntas de esta entrevista eran muy concretas: ¿Cuándo empezarán a dar pasos las 24 propuestas para la reforma del profesorado? ¿Consistiría en que el profesor nuevo entre y pase dos años acompañando en el aula a un profesor experto? ¿Cómo se elegirá a ese profesorado experto, tutor? ¿Se les recompensará?
Las respuestas ‘sonaban’ bien, pero demasiado ambiguas: «Nuestro objetivo consiste en mejorar las condiciones laborales y económicas del profesorado. El profesorado necesita apoyo y reconocimiento y debe tener mejores condiciones de trabajo. Para seleccionar al profesorado experto se pueden establecer convocatorias en las que se objetive el buen desempeño profesional. Valorando su formación permanente, sus funciones en el centro, su rendimiento con los grupos de alumnado, y también formarlos para que luego formen a los profesores noveles. Por supuesto se les recompensará. ¿Cómo? Ya veremos. No lo puedo adelantar porque pertenece al ámbito negociador, pero ese profesional debe tener un reconocimiento».
En nuestra opinión, sólo son palabras. Se sigue mareando la perdiz en este asunto para que pase el tiempo sin hacer nada. Ojalá nos equivoquemos, pero el tiempo nos está dando la razón. Todos los representantes sindicales consideran clave esperar a ver lo que el ministerio pone efectivamente sobre la mesa cuando empiecen a negociar, si es que algún día empiezan, porque después de tres años sin desarrollar el proyecto de la carrera docente que prometía la Lomloe, «ilusiones muchas, pero confianza ninguna».