Se cuentan con los dedos de una mano los cargos públicos (no sólo políticos) de en esta provincia en los que no se haya cumplido el triste «detrás vendrá quien a mí bueno me hará». El de turno se lleva las críticas, pero cuando se ven las alternativas... dan ganas de salir corriendo. Se gesta ahora una candidatura que no forma parte más que de los delirios de varios iluminados, pero a buen seguro que el resultado final, si nadie lo evita, será: «Yo no me presento pero porque no me deja Mañueco, que me tiene manía». Al tiempo.
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