La consejera de Agricultura y Ganadería, María González Corral, ha visitado esta semana la localidad de Llamas de la Ribera con motivo de las obras de modernización del regadío que acomete la Junta de Castilla y León en esa localidad. «Las obras de palacio van despacio», que se dice, porque este proyecto viene de hace al menos dos décadas, y ya en junio de 2010 la entonces consejera del ramo, Silvia Clemente, visitó también la localidad para desbloquear el proceso de concentración parcelaria vinculado precisamente a esta modernización, lo que hizo con éxito, y se consiguió la entrega de las fincas de reemplazo que se han seguido regando, hasta ahora, con el sistema tradicional de cauces de tierra. La obra de Llamas de la Ribera tiene un gran simbolismo porque se financia con un sistema «a la carta», acordado con la Consejería, que considero que es más beneficioso para los comuneros de esa Comunidad de Regantes.
Por otra parte, es la primera modernización del regadío en la provincia de León que involucra a una zona regable histórica de agricultura minifundista de ribera, en este caso en la ribera del Órbigo. Y en tercer lugar, es la primera modernización, junto a la de algún pueblo de la Presa de la Tierra, como Benavides de Órbigo, que involucra al cultivo del lúpulo al que se instalarán modernos sistemas de riego por goteo telegestionado. La concentración parcelaria vinculada a la modernización del regadío marca un antes y un después en este pueblo, en este municipio, de la ribera del Órbigo, y todo el cambio ha sido para bien. Lástima que no llegara en los años de bonanza del cultivo del lúpulo, y lástima que haya llegado tan tarde para una generación de agricultores a los que pilla con un pie en la jubilación. Este año, y sobre todo el siguiente, cuando marchen los contratistas de la obra pública, será el momento de las inversiones en las fincas, donde cada propietario se «rascará el bolsillo» a razón de seis o siete mil euros por hectárea, que se dice pronto, y que se amortiza mal con los márgenes actuales.