Arco, el gran feriote (aunque para feriote el de los productores de fruta y hortaliza que entusiasma al gremio del taxi) del arte español se ha celebrado del 5 al 9 de marzo con presencia de obra de los artistas leoneses Teresa Gancedo, Alberto García-Alix, María Luisa Fernández y Félix de la Concha, ninguno con base en nuestra provincia.
El que sí la tiene es ese que, hace ya quince años, el crítico de arte Marcelino Cuevas definía como un clásico joven al traer a colación la gran alineación de escultores de que disponía León para elegir obra con la que montar un proyecto de parque escultórico en el Monte San Isidro. La referencia no puede ser a otro que a Amancio González, escultor que es a León lo que Henry Moore a Londres o Bernini a Roma. Mientras al inglés se le agradece la abstracción de las figuras humanas y al italiano la idealización canónica, al español le admiramos lo bestial de sus humanotes, con corto y grueso cuello soportando cabeza adelantada y largos brazos (Vela Zanetti meets Juan Muñoz) dispersos por decenas de lugares de nuestra provincia para impacto visual conmovedor de quien los contempla.
Si hay una figura popular salida de las manos de Amancio es ‘La Vieja Negrilla’ ubicada en la Plaza de Santo Domingo. La obra, que recrea con rasgos de persona el espíritu del olmo centenario donde jugó de niño el artista antes de que pereciese el árbol allá en Villahibiera, tuvo una primera versión, en cemento y un poco más pequeña que la actual, que fue embestida por un vehículo en 2007 como si de maldición mortal heredada del negrillo original se tratase.
La actual Negrilla, adorada sin cuestionamiento por la ciudad y sus visitantes, es de bronce y ya le brilla el abdomen bajo el verde de tanto roce cariñoso. Pero, para que a la tercera sobreviva, hay que darle el mejor tratamiento posible. Y eso pasa por evitar la deshidratación que trajo la grafiosis impidiendo la llegada de savia a las hojas del árbol añorado, en este caso con buen unte, determinó instintivamente mi hija, con su afición de diminuta a los potingues. Y por eso hace poco hemos estado aplicando con suavidad por el rostro de la Negrilla la crema reparadora con contenido en zink (ignorantes de contraindicaciones) que tantos roces alivia y que siempre llevamos en un necesercito.
Estamos seguros de que con nuestros cuidados a la emblemática obra y con el genio del artista, no tardará mucho El País en ocupar su mediático stand en Arco con obras de Amancio cuando se le acaben los Plensa de la vida.