No al rictus astuto y frío,
la voz impostada,
la borrasca del miedo.
No al ámbar falso y las tierras raras.
No a las balas trazadoras,
el gris herrumbroso,
el árido perfume del mal.
No al manantial sulfuroso
y el pedregal infinito.
No a los vestíbulos
y las almas heladas,
las rachas de ira,
los látigos en la oscuridad.
No al emperador y sus secuaces.
Y no a tanto,
tanto
hijo de perra.