Javier Fernandez

Un nuevo periodismo

02/04/2025
 Actualizado a 02/04/2025
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El anuncio del cierre de Relevo por parte de Vocento volvió a dejar claro el nulo reconocimiento que tiene el arte de juntar letras. Desde su apertura, la apuesta deportiva del grupo comenzó a anunciar a galácticos de este gremio, todos referentes en sus quehaceres particulares. Incorporó especialmente a periodistas muy bien informados en el tan complejo e interesado universo del mercado de fichajes que dotaron de credibilidad desde el primer momento a sus noticias. También eligió un enfoque diferente para sus reportajes, contando historias desde un prisma diferente, más personal. Relevo se presentó con la osadía de prometer «un nuevo periodismo» y, con sus salidas del tiesto, que claro que también tuvo, en cierto modo lo cumplió.

Lo que no vio Relevo es que una gran parte de la sociedad no sabe o no quiere distinguir las diferentes formas de desarrollar esta profesión. Es curioso que las respuestas al cierre de este digital se llenaran de pobres diablos que celebraron la noticia porque era un medio ‘madridista’ y ‘antimadridista’ al mismo tiempo. Es evidente que el lector promedio no quiere que le digan la verdad; quiere que le digan su verdad. Y si le amarga lo más mínimo la cucharada que le dan, ese medio pasa automáticamente a ser el enemigo. Reconocerá fácilmente a los ejemplares de esta especie en peligro de expansión porque son aquellos que califican de buen periodismo precisamente a todo aquello que está alejado del buen periodismo.

Y antes de que usted, querido lector, me diga que no estaría mal que los periodistas hiciéramos un poco de autocrítica, le animo a leer las letras que me dejaron juntar hace unas semanas sobre los males, que no son pocos, de los que formamos el mundillo. Eso sí, tengo claro que la culpa recae sobre más hombros que los nuestros, y es que es muy complicado hacer buen periodismo para aquel que no quiere consumir buen periodismo. Esa especie en peligro de expansión, que se dejó ver a la luz de la luna cuando olió la sangre de Relevo, no se cansa de exigir lo que luego no digiere. Quiere objetividad pero patalea cuando le cuentan la verdad que le incomoda. Quiere seriedad pero sus visitas van al que dice o hace la chorrada más sonrojante. Quiere fiabilidad pero le es indiferente dar el reconocimiento al que se trabaja una noticia o al que la plagia.

Relevo, que en paz descanse, se precipitó al prometer un nuevo periodismo sin saber que, para que sea viable, antes debería haber un nuevo lector.

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