Desde siempre Rusia ha sido un país desafortunado. Entre las monarquías despóticas y el régimen stalinista ha soportado hambre, frío y rapiña de los terratenientes y aristócratas. La miseria fue la llave que abrió las puertas al comunismo.
El Imperio Ruso siempre ha sido codiciado, como la luna, por su misterio, sus riquezas o la ambición de otras potencias. Lo intentó Napoleón con un enorme ejército, cuando era dueño de media Europa y África. Pero le fallaron sus cálculos y el invierno, más la capacidad de aguante del pueblo ruso, lo situó ante el abismo. Antes de Waterloo, fue la derrota de Borodin. Pasado el tiempo, en 1941, el Tercer Reich invade la entonces URSS, para acabar con el comunismo y agrandar el imperio nazi. Sus tropas, provistas del mejor armamento de la época, emprendieron la campaña sin apenas resistencia. El pueblo retrocedía e iba quemando todo cuanto pudiera beneficiar a los invasores. Ni alimentos, ni casas, ni cosechas. Pero entre el invierno y las enormes distancias, con marchas de hasta 900 kilómetros, fueron desgastando a la Wehrmacht y cuando el ejército rojo se puso en marcha hacia Berlín, la derrota no se hizo esperar.
Junto a las topas rusas luchaban 45.000 voluntarios españoles bajo el nombre de ‘División Azul’. Era una compensación de Franco por el apoyo de Hitler en la Guerra Civil y para castigar el apoyo de Stalin a la causa del Ejército Rojo. Los mandos nazis decían que los españoles eran algo indisciplinados, pero muy valientes y solidarios. Estuvieron en el asedio de Stalingrado y fueron reconocidos por el gran número de medallas y concesiones recibidas. Y esto también es memoria histórica. Pero el acoso soviético fue implacable y la retirada espantosa, por el fuego de los cañones rusos, hambre, escasa indumentaria y frío, que alcanzaba los 50 grados bajo cero. Muchos españoles quedaron sepultados por la nieve. Algunos repatriados, otros devorados por las alimañas. Casi 5.000 muertos y cautivos en Siberia que serían liberados en 1954. También hubo quienes se pasaron al ejército ruso en su marcha sobre Berlín. Pero a la tercera va la vencida, y ahora es la Unión Europea quien pretende acabar con Putin y adueñarse de Rusia. Olaf Scholz y Macron nos preparan una guerra que no tiene muchas garantías, cuyas consecuencias económicas serán una catástrofe. La intención oculta es distraer la inestabilidad económica y política de la UE. Lo mismo que Sánchez con la corrupción que le asedia y el servilismo ante los separatistas.
¿Quién nos defenderá? Entre las cualidades de la juventud española no está el «ardor guerrero» (y habría que explicarles dónde está Rusia). ¿Podríamos contar con esas Oenegés subvencionadas?; o las violentas feminazis del 8M; los emigrantes rescatados, con nacionalidad española; o los sindicalistas de Pepín y Unai, que están poco ocupados... En cuanto al liderarazgo, no veo a Úrsula, Macron ni a Sánchez, arengando a las tropas. Y no hay que descartar en la vanguardia, a los variopintos LGTBI, con la bandera arco iris, abriendo el cortejo. Sería un puntazo que desmoralizaría al propio Putin y nos daría una victoria segura. ‘La Marcha Triunfal’ de Rubén Darío.