Cristina Vega 2

Pantalla azul de la muerte

23/07/2024
 Actualizado a 23/07/2024
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La semana pasada, en concreto el jueves 18 de julio, se produjo una caída de Microsoft a nivel mundial. Estuvo causada, al parecer, por un fallo involuntario en una actualización.

Algo que podría considerarse intrascendente y que, sin embargo, desató un caos absoluto al detener el funcionamiento de aeropuertos, hospitales, bancos y múltiples empresas de todo el mundo.

Vuelos cancelados, colapsos en las consultas médicas o la imposibilidad de realizar gestiones en sucursales bancarias fueron solo algunas de sus desastrosas consecuencias.

La aparición del temido mensaje de error con fondo azul en las pantallas de los ordenadores generó una situación poco menos que apocalíptica que tardó horas, incluso días, en apaciguarse.

Alguien se equivoca al pulsar una tecla y este gesto tan simple alcanza una repercusión internacional consiguiendo interferir en la vida cotidiana de miles de personas.

Entiendo que la tecnología simplifica las tareas y nos ofrece, sin duda, una inestimable ayuda. Sin embargo, nuestra dependencia cada vez mayor de los sistemas informáticos también tiene un precio a pagar que es nuestra vulnerabilidad. Habría que valorar si dicho precio, quizá, es demasiado alto.

Un apagón es sinónimo de catástrofe, eso por no hablar de todos los datos confidenciales que quedan expuestos cuando se producen ciberataques.

Dicen que siempre hay quien gusta de hacer leña del árbol caído y los hackers aprovechan cada ocasión que se les presenta para demostrar la veracidad de tal afirmación. Se cuelan en nuestra privacidad a través de cualquier resquicio.

Nos vemos indefensos ante las incidencias técnicas o de seguridad que, aunque no son frecuentes, se pueden producir porque no existe nada ni nadie infalible.

Seguro que muchas personas, entre las que me incluyo, se han preguntado qué ocurriría si un día esa pantalla azul de la muerte se instalase de manera universal e irreversible. Me asalta una duda, ¿Este hecho supondría el fin o, tal vez, el principio?

 

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