web-luis-gray.jpg

Pecados, delitos y faltas

05/11/2023
 Actualizado a 05/11/2023
Guardar

No es fácil encontrar a alguien de mi generación y de la anterior que no haya sufrido malos tratos en algún colegio religioso. Su método de enseñanza se basaba demasiadas veces en el miedo y en una violencia a menudo fría y sigilosa que emanaba del poder atribuido a individuos no preparados y provistos de una insidiosa forma de utilizarlo. Por si alguien no conoció ese estado de cosas hoy sabemos que ese poder se convertía con frecuencia en herramienta de abusos sexuales en un entorno donde el sexo era tabú: la represión normativa conducía a callejones sin salida y a sórdidos e infames atropellos a menores. Muchos de aquellos religiosos habían renunciado a su sexualidad sin haberlo decidido sopesadamente, solo por el mero hecho de que la renuncia y el tabú eran exigencias de su organización. Esa castración la pagaron otros a un precio altísimo. 

Tal situación de represión, prepotencia y despotismo se mantuvo durante décadas, amparada por la alianza entre la dictadura franquista y la iglesia católica y disimulada después, ya en democracia, por un Concordato feudal y un sistema educativo peculiar en que los colegios católicos eluden normas con demasiada permisividad y la religión sigue ocupando hueco entre asignaturas científicas. Una situación que ha seguido escondiéndose y no es denunciada por buena parte de la jerarquía católica sin que hasta la fecha ninguna de esas complicidades haya sido perseguida por la justicia, impunidad que se aproxima a una amnistía corporativa, ahora que se habla tanto de amnistías. Todo sea dicho muy presuntamente...

Algunos de esos abusos han sido, tanto tiempo después, llamados a la luz pública y detallados por un informe del Defensor del pueblo donde hemos podido vislumbrar al fin la dimensión de tamaño sufrimiento; más tarde que en la mayoría de los países de supuesta mayoría católica pero con resultados similares. Ciertos jerarcas de la Iglesia, sin embargo, en lugar de arrepentirse contritos como les recomienda su evangelio o pedir disculpas, mostrar intenciones de reparación o pasar por los tribunales, como requiere el sentido común, la dignidad y la ley, se rasgan vestiduras e intentan exculparse acusando al gobierno o a los demás de mentir y enfangando a otros, como si el gobierno y los demás fueran los alumnos a los que intimidaban o castigaban con aquella superioridad que ordenaba callar bajo amenaza y sin réplica. 

De todas las instituciones del país posiblemente sea la iglesia católica la más fondeada en el pasado. A veces es un pasado cercano, del que hay multitud de testigos vivos; otras veces es un pasado vetusto, como aquel en que las mujeres tenían menos derechos y no podían formar parte de ciertas organizaciones, y en ocasiones es un pasado remoto, una época medieval en la que un señor vestido de forma excéntrica se considera por encima de toda razón y toda justicia en la tierra de los mortales.

 

Lo más leído