Hace una semana que fue presentado el Plan Especial de Protección del Conjunto Histórico Camino de Santiago en el Municipio de León, en el Colegio de Arquitectos de León, aprobado ya desde el mes de octubre del año pasado.
Con un título así de largo y un tema tan apetitoso, la cosa podía ser… pues cualquier cosa. Más aún cuando uno es arquitecto, peregrino y escribidor (que no periodista), lo que da tres visiones de lo que se propone.
Desde la primera, ser arquitecto, uno ya tiene «salva sea la parte» pelada de normativas, reglamentaciones y demás documentos administrativos que nos ordenan las alturas, anchuras, usos y colores de lo que se puede hacer en un sitio. Desde la segunda, haber sido peregrino, uno desconfía de aquellos que, sin sufrir (quizás), los avatares del Camino, enseguida nos dan los remedios para algo de lo que ni sienten ni padecen. Desde la tercera, actuar como escribidor, la cosa era más fácil: simplemente, «a ver qué me dicen».
Y tengo que reconocer que me sorprendió: no se trataba en absoluto de reglar qué se puede hacer en el área de actuación y el equipo redactor, o al menos alguien de él, y según su propia confesión, se lo había currado, bicicleta en ristre. Por lo tanto, pues se lo conocía.
Porque verdaderamente, lo que se ha tratado es de ayudar al peregrino en lo que es el trazado ‘oficial’ en el término municipal de León, ardua tarea, dado el deterioro del mismo.
Porque, si ya de por sí, a todo lo largo del Camino, desde Francia hasta Santiago, carreteras, pueblos, sembrados y todo lo que se quiera lo han ido afectando (más bien infectando), por no decir deshaciendo, por los siglos de los siglos, cuando se acerca y pasa por una ciudad, tal es el caso, ya el desastre es mayúsculo.
Novecientos kilómetros de Camino da para muchas situaciones, bonitas, feas (demasiados tramos al lado de carreteras insufribles), duras o, como en los kilómetros entre Sahagún y León, que un amigo calificaba de «desesperantes», porque andando por terrenos planos, parece que nunca llegas. Ves una lo lejos un altozano, esperas encontrar tu fin de etapa al superarlo, y ¿qué encuentras después? Pues otro altozano. Y así llegas a la vista de León, para encontrar un laberinto insufrible, indigno de ser la entrada a la ciudad.
No solamente vas dando vueltas para pasar el río, es que el puente de Puente Castro es uso exclusivamente de circulación rodada, así que no hay más remedio que pasar por otro lado.
Luego, el tránsito desde el puente hasta el rollo de Santa Ana lo es por un ‘amable’ espacio de naves y gasolinera, un espacio preparado exclusivamente para ordenar las calles mediante una rotonda-ameba, en absoluto fácil para los peatones. Ya ahí, los andares de los peregrinos varía, entre seguir por la calle Barahona hacia el casco antiguo o por Alcalde Miguel Castaño.
En el primer caso se moverá por toda la trama de calles antiguas bastante mal señalizadas o bien directos a la plaza de San Francisco, bastante desordenada hasta el centro, Santo Domingo y San Isidoro para luego tomar la calle Renueva y Suero de Quiñones hasta San Marcos y salir, ahora sí, por un puente peatonal, como Dios manda, y continuar por San Andrés del Rabanedo, cosa que, dicho sea de paso, tampoco es precisamente un trazado demasiado maravilloso. Pero esa es otra historia.
Contado así, desde luego no se hace demasiado deseable.
Y todo eso justifica el Plan de Actuación, que entra, directamente, a mejorar el ‘habitat’ del peregrino en este paso por la ciudad de León, con intervenciones urbanísticas y de mejora de señalización (que esa es otra). Con carácter general, se trata de humanizar el recorrido, algo que, además, beneficia a los peatones habituales de la ciudad, complementada con actuaciones concretas de bastante calado en el puente de Puente Castro, el Rollo de Santa Ana y plaza de San Francisco, y cambio de dirección del tráfico rodado (propuesto) en las calles Barahona, Renueva y Suero de Quiñones.
Para ordenar esas intervenciones, el trazado del Camino oficial, desde el Portillo hasta el puente de San Marcos, se planifica siguiendo áreas concretas y separadas, dando a cada una de ellas las líneas de actuación para hacer más claro y amable el tránsito de los peregrinos.
Desde el alto del Portillo a lo que es el núcleo de la ciudad la entrada lógica lo es por el puente de Puente Castro, hoy exclusivamente de circulación rodada. Eso supone que el tráfico rodado se desvíe por la avenida de La Lastra en Puente Castro para lo que habría que resolver de una vez por todas la zona arqueológica que corta su trazado para conectar con el propio sector de La Lastra y seguir luego por el vial principal de la misma. Si se quiere, se puede.
En el Rollo de Santa Ana, hoy ordenado mediante una glorieta bastante extensa y compleja se propone una transformación completa, sustituyendo el entramado de viales, por una glorieta ‘ortodoxa’, y reconfigurando el tráfico a una único vial, desplazado hacia el norte del área, con el fin de liberar el suelo necesario para obtener un espacio de circulación peatonal amplio y sencillo, ajardinado, mucho más adecuado tanto para peregrinos como ciudadanos.
La Plaza de San Francisco es hoy un espacio desordenado, consecuencia de unas actuaciones separadas en el tiempo para ajustar el tráfico rodado pero sin un sentido claro, con un aparcamiento de acceso complejo, una gasolinera que prácticamente elimina la acera en su entorno, contenedores variados de basuras y unos pasos de peatones completamente supeditados a la circulación de vehículos y no a los peatones. La propuesta, coherente con su filosofía, trata de ordenarlo para el peatón, eliminando el aparcamiento, la gasolinera y los contenedores.
En cuanto al cambio de dirección de las calles porque van en la contraria a la que sería la marcha de los peregrinos, pues he de reconocer que tengo «el corazón partío», pues supongo que se refiere a los ciclistas ya que a los peatones eso no les afecta en absoluta.
Y es que, por un lado, modificar la dirección en Renueva y hacer doble dirección (que es lo que recomienda el Plan) en Suero de Quiñones, teniendo en cuenta lo que ha complicado la circulación las nuevas peatonalizaciones del centro y que, tanto en éstas como en Barahona, sería para facilitar el uso a los ciclistas, que, ya sabemos cómo, mayormente, van por donde quieren y como quieren, no parece que sea lo más necesario. Me parece que no, aunque sea concordante con la filosofía del Plan.
En cualquier caso, repito lo planteado al principio: quedé sorprendido, creo que como otros muchos de los asistentes al acto, y, además, favorablemente, porque, sí, en efecto, ya era hora, se trata de facilitar el tránsito por la ciudad de los muchos ‘caminantes’ que llegan.
El problema, claro, y como siempre, es el dinero, que es bastante. Aunque, según se comentó, haberlo, lo hay, incluso, aunque sea parcialmente, en cantidad suficiente como para empezar ya mismo. Pues bienvenido sea.
Quizás, como final, un comentario sobre el título, que induce a error, ya que, en puridad debería llamarse Plan Especial de Protección del tránsito por el Conjunto Histórico del Camino Francés a Santiago en el Municipio de León. Un poco largo, pero, desde luego, más exacto.
